Las fiestas de muertos en Oaxaca son tradición que se mantiene y resguarda del paso del tiempo. Las manifestaciones culturales se pueden observar a cualquier hora del día mientras se camina por las calles. Como menciona Diéguez (2013) en el espacio público también se celebra. Durante las festividades se acostumbran las comparsas o muerteadas, tradiciones emblemáticas del Valle, donde las personas acostumbran disfrazarse y recorrer las calles acompañados de bandas de música que tocan durante toda la​ ​noche. Los disfraces más emblemáticos son el cascabeludo y las catrinas.

En Soledad Etla las personas que participan en las muerteadas acostumbran dirigirse a la iglesia del pueblo, donde un hombre recita versos a la Virgen de la Soledad. Quien recita lleva en su voz el testimonio de la fe católica que se mezcla con la creencia de que por unos días las almas de quienes han muerto tienen la oportunidad de visitar sus casas y recorrer las calles del lugar en que vivieron. Sin duda, este es uno de los momentos más solemnes que se llevan a cabo durante el recorrido, una vez terminada la visita a la iglesia, las personas continúan su camino, adentrándose en las casas que tienen puertas abiertas y reciben a la banda de música y a las personas que a buen son bailan y sonríen; para culminar a las seis de la mañana, en el panteón.

En Oaxaca de Juárez las comparsas parten de diferentes puntos de la ciudad, siendo las más emblemáticas aquellas que inician su recorrido en los barrios tradicionales, Xochimilco, Jalatlaco, Cinco Señores y El Polvo, para culminar en el Panteón General. Donde se acostumbra iluminar los nichos con veladoras y adornar las tumbas, así conviven vivos y muertos en una fiesta que sirve para reconciliarnos ​ y​ ​ aceptar la inevitabilidad del​ cese​​ ​de ​nuestra existencia terrenal.​

Pero si se trata de conocer y disfrutar los días de muertos en Oaxaca, Xoxo es una visita obligada. Santa Cruz Xoxocotlán, municipio conurbado, se ha convertido en un referente de las festividades, posee dos panteones que son muy visitados en las fiestas de todos los santos: Mictlancihuatl y San Sebastián Mártir, aquí el 31 de octubre a partir de las 10 de la noche y hasta amanecer, la gente visita los cementerios con velas, flores, incienso y la alegría de visitar a sus difuntos. La velada transcurre entre música, rezos y conversaciones que aligeran el pasar de las horas. Afuera del panteón suelen exponerse los tradicionales tapetes de arena, los cuales son parte de las costumbres que acompañan el fallecimiento de​ ​las​ ​personas​ ​en​ ​Oaxaca.

Cuando una persona muere, se coloca una cruz de cal en el sitio en que será velado el cuerpo, tras el entierro en ese mismo sitio se elabora un tapete que habrá de mantenerse durante los nueve días que duran los rezos hasta la levantada de cruz. Elaborar estos tapetes es un trabajo arduo y meticuloso, la base de estas obras es arena que se compacta para formar una superficie sólida y lisa sobre la cual se vierten pigmentos​ de colores que se transforman en imágenes de vírgenes o cristos, de acuerdo con la petición de los familiares de la​ ​persona​ ​fallecida.


Recoger el tapete es un ritual que inicia cuando se busca a los padrinos de “Levantada de Cruz”. La costumbre manda que sean cuatro matrimonios que hayan recibido favores por parte del fallecido, generalmente se elige a los ahijados o ahijadas; estas personas deberán estar presentes el día en que se reza el último rosario para que con escobetas de palma en mano, cada pareja levante desde una esquina, el tapete, colocando la arena en tinas que después habrán de llevarse al panteón junto a la cruz que habrá de colocarse en la sepultura.

La exposición de tapetes, permite a los visitantes conocer y observar una de las tantas costumbres que se mantienen en Xoxocotlán, en el ritual que acompaña la muerte de los seres queridos. Otra de las actividades propias de las Fiestas de Muertos en esta localidad es ​ la​ ​ exposición​ ​ del​ ​ altar​ ​ en​ ​ ​el ​ ​ Palacio ​​Municipal​ ​y​ ​las​ ​tradicionales​ ​comparsas.

Pero, si de Muertos se trata, San Pablo Villa de Mitla no se queda atrás. Anclada en los Valles Centrales, esta comunidad es un referente del Estado, sin duda su sitio más emblemático es la Zona Arqueológica de Mitla, cuyo nombre proviene del náhuatl “Mictlan”, que significa: “Lugar de descanso” “reino de los muertos descarnados o inframundo”, espacio​ ​destinado​ ​para​ ​los​ ​que​ ​morían​ ​de​ ​muerte​ ​natural.


En la tradición prehispánica el Mictlán era el espacio hacía el que los muertos se dirigían, en un viaje que duraba cuatro días, “al llegar a su destino, el viajero ofrecía obsequios a los señores del Mictlán: Mictlantecuhtli (señor de los muertos) y su compañera Mictecacíhuatl (señora de los moradores del recinto de los muertos). Quienes lo enviaban a una de nueve regiones, donde el muerto permanecía un periodo de prueba de cuatro años antes de continuar su vida en el Mictlán y llegar así al último piso, que era el lugar de su eterno reposo,​ ​denominado​ ​obsidiana​ ​de​ ​los​ ​muertos.”​ ​(Denis,​ ​et​ ​all:​ ​2012)

Las fiestas de muertos en Mitla se caracterizan por la solemnidad, todo inicia con el tianguis, en el cual se reúnen comerciantes de localidades cercanas para ofrecer sus productos. Los colores se mezclan con el aroma de las frutas y el guilá, flor aromática que se​ ​coloca​ ​en​ ​los​ ​altares​ ​al​ ​lado​ ​del​ ​cempaxúchitl​ ​y​ ​que​ ​es​ ​propia​ ​de​ ​la​ ​región.

Entre los puestos se puede observar el pan pintado, alimento típico de Mitla que se decora con figuras representativas de la festividad, flores, grecas y aves emergen del betún que se transforma en un relieve de tono blanco sobre los tonos cafés; cada pan se elabora de manera​ ​artesanal​ ​y​ ​por​ ​ello​ ​los​ ​diseños​ ​son​ ​únicos​ ​e​ ​inigualables.


El 31 de octubre a mediodía se lleva a cabo el repique de campanas y la quema de cohetes, los cuales anuncian la llegada de los angelitos a las casas. Al día siguiente, las personas asisten al panteón a visitar a sus difuntos, acompañados de flores, cigarros y copal. Poco antes de mediodía, bracero en mano se dirigen a sus casas mientras ahúman su camino con el aroma del incienso y el copal, se cree que de esta manera se señala al ánima el rumbo​ ​que​ ​debe​ ​seguir​ ​para​ ​llegar​ ​a​ ​su​ ​hogar. A mediodía, las campanas repican anunciando la llegada de los Fieles Difuntos. Desde entonces y hasta altas horas de la noche, la puerta principal de las casas permanece abierta para recibir a las almas. Finalmente, el día dos de noviembre por la tarde, las familias regresan al panteón a “dejar a las ánimas”, todo en un acto solemne que sirve a los deudos​ ​para​ ​convivir​ ​con​ ​los​ ​que​ ​han​ ​partido…

Por: Elizabeth Pérez Castro

Créditos

Julio​ ​César​ ​Flores,​ ​Antropólogo​ ​por​ ​la​ ​UABJO

José ​ Luis​ ​ Sosa​ ​ ​Méndez,​ Promotor​ ​​cultural​ ​de​ ​Mitla

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