Fotografía: Jaciel Cruz

Las fiestas de muertos en Oaxaca son una experiencia llena de color, mística y tradición; en ella se conjuga el respeto, el anhelo y la nostalgia, son tiempo para el recuerdo, para reunir a la familia y los amigos, para comer, bailar y sonreír. La magia de estas tradiciones la hacen quienes cuentan historias, cocinan, escriben calaveras, hacen velas, asisten a las misas y los panteones. Nos apropiamos de la muerte y la convertimos en motivo de memorias y fiestas.

Decía Octavio Paz que “Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía.”

Es esta actitud, esta forma de encarar a la muerte lo que hace de México un país único. Por ello y en rescate de esta tradición, en 2003 la UNESCO proclamó “Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos” como patrimonio intangible de la humanidad; en 2008 esta expresión fue inscrita en la primera “Lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”, la cual se creó a partir de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, aprobada por la Conferencia General de la UNESCO, celebrada en 2003 y firmada por 158 países.

A través de este instrumento “la comunidad internacional reconoció la necesidad de reconocer la relevancia de las manifestaciones y expresiones culturales que hasta entonces no tenían un marco jurídico y programático que las protegiera.” (UNESCO, 2017). El artículo 2 de la Convención señala que el patrimonio cultural inmaterial refiere a: “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.” (UNESCO, 2003)

Fotografía: Jaciel Cruz

“Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos” fueron la primera expresión cultural de México reconocida como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad; al día de hoy la UNESCOO ha reconocido siete expresiones mexicanas más dentro de la lista. Lo cual ha contribuido a que el gobierno implemente acciones para la salvaguarda y reconocimiento de dichas manifestaciones que dan cuenta de la diversidad y la riqueza de nuestro país.

El reconocimiento de las festividades de muertos, ha permitido que las tradiciones asociadas a dicha celebración se mantengan a pesar del paso del tiempo; el respeto por los días de muertos se transmite de generación en generación y, de algún modo, nos prepara en el tránsito de la vida hacía lo que es destino.

En Oaxaca la existencia está marcada por las tradiciones y la cultura que se nos forja y enseña a través de la vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato. Asociamos los colores, sabores, formas y aromas; a momentos, tiempos y espacios que forman nuestros recuerdos y nos dotan de sentido, carácter y personalidad.

Los días de muertos, son una tradición que se aprende en casa y desde pequeños; cuando siendo niños se nos hace partícipes de las compras y entre la cocina nuestro paladar se va engolosinando con los tejocotes y la calabaza en dulce, el pan, el chocolate y los moles que se preparan para la festividad. Cuando escuchamos las anécdotas y los recuerdos, cuando nos dicen que han preparado tal o cual platillo para el altar porque era el favorito de los deudos que ya no están; y cuando acudimos y participamos en las comparsas que se organizan en las calles y las escuelas, donde, donde sin alcanzar a comprender comenzamos a bailar acompañados de amigos y compañeros. Así vamos aprendiendo, comprendiendo, asumiendo y apropiándonos de una de las tradiciones más hermosas que tenemos.

Las fiestas de muertos son parte importante de nuestra vida como oaxaqueños; en ellas los mercados, las calles, iglesias, escuelas, casas y panteones se llenan de expresiones alegres y coloridas que nos transportan a otras formas de relacionarnos con nuestros ancestros y mantener vivas tradiciones y creencias que se resisten a sucumbir. Quienes participan de las distintas expresiones culturales que se llevan a cabo durante las festividades, asumen la responsabilidad de promover y mantener formas de vida que son parte fundamental de nuestra riqueza.

Fotografía: Jaciel Cruz

Oaxaca es el lugar ideal para conocer y disfrutar de las festividades de muertos, las distintas expresiones que se mantienen en las comunidades oaxaqueñas nos hablan de la cultura, la grandeza y nuestra permanencia. Las festividades de muertos son un tiempo perfecto para convivir y sucumbir ante manjares que no hallan igual, todo esto revestido por la creencia de que después de muertos podremos amarnos más.

SI tienes la oportunidad, visita los panteones en la noche y asiste a las comparsas, sin duda bailarás, gozarás, comerás y el mezcal no faltará. Porque como dice Julio César Flores, “En Oaxaca no celebramos la muerte, celebramos la vida” y Oaxaca para eso se pinta sola, ¡te esperamos con los brazos abiertos!

Por: Elizabeth Pérez Castro.

Créditos

Julio​ ​César​ ​Flores,​ ​Antropólogo​ ​por​ ​la​ ​UABJO

José ​ Luis​ ​ Sosa​ ​ ​Méndez,​ Promotor​ ​​cultural​ ​de​ ​Mitla

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