¡Ya es Diciembre!

Diciembre es mi mes favorito del año, desde niña esperaba con ansias la llegada de los días fríos que traen consigo el aroma del ponche, el calor del hogar y la familia. Como buenos católicos en casa de mi abuela cada año las celebraciones iniciaban con el árbol de navidad.

Ahí, en medio de esferas, cajas y luces mi madre y yo solíamos pasar horas adornando el árbol, un árbol enorme que mi abuelo compró por caprichos de su nieta y que cada año se viste de diferente manera, a veces es rojo, a veces morado, a veces plateado, a veces dorado, a veces sus combinaciones se antojan volátiles y explosivas y a veces ese árbol nos mira desde la lejanía invocando recuerdos de lo que ya no será.

Las fiestas decembrinas en casa de la abuela traían consigo los rostros más extraños, a su casa llegaba la familia. Un día se reunían a hacer buñuelos y las mujeres pasaban horas preparando una masa flexible cuyo final era parsimonioso, la miel de panela chorreaba en los platos y las niñas y los niños caminábamos de un lado a otro esperando la hora de devorar los buñuelos dorados.

Las piñatas adornaban la casa, mi abuelo solía comprar estrellas, piñatas de cinco y siete picos que durante muchos años fueron hechas por mi Tío Alejandro, seguro que en el cielo las sigue haciendo, seguro que ahí también está sentando, armando conos, recortando papel, untando engrudo y haciendo magia con las manos.

Las estrellas colgaban en el patio y quienes llegaban a la casa preguntaban cuándo se quebrarían y si tenían que llevar algo, mi abuelo sonreía y decía que las estaba guardando para el veinticuatro. Y sonreíamos y contemplábamos. Y así llegaba el 8 de diciembre, con la familia corriendo para llegar a Juquila, con la familia asistiendo a misa, con mi madre prendiendo una veladora para una virgen que habita mi casa desde que tengo memoria.

Y luego el 12 y la Virgen de Guadalupe y los niños que se visten para ir a su encuentro. Y después el cumpleaños de mi abuelo y desayunar enchiladas con higaditos porque sino no es fiesta. Y comer coloradito, mole negro, carnitas ó barbacoa y la familia llegando, entrando a la casa con la confianza de quien ha llegado a su casa.

Después las posadas, las piñatas, los dulces que acaparamos y luego el 18 y recordar que desde hace años ya no está con nosotros el abuelo Chago, un hombre que todos los domingos iba a la Iglesia de la Soledad a escuchar misa, porque ¿a dónde iba sino a ver a la virgencita?

Diciembre es el mes más nostálgico del año, porque cuando se reúne la familia, se reúnen las ausencias, se invocan los recuerdos, se invocan los sueños, memorias de lo que fue y que se desvaneció con el tiempo. Reunirse para cenar es solo el pretexto para traer a casa a todos los ausentes, a todos los que cuando nos llaman decimos “hoy no puedo”, a todos los que vivimos ocupados, a todos los que no tenemos tiempo, pero que sabemos que el 24 encontraremos un lugar en la mesa, con todo puesto, con la mejor compañía, con el mayor consuelo.

Y ahí, entre los romeritos, el pozole, el ponche, el pavo, la ensalada, los dulces, los postres y las piñatas, reiremos, sonreiremos y sabremos que Diciembre trae consigo paz, amor, consuelo, fe, esperanza y la certeza de que la familia es lo más valioso que tenemos.

Ya es Diciembre y la casa de mi abuela está en silencio, ya no hay niños corriendo, ya no hay madres gritando, la paz se ha instalado entre las paredes y los techos. Nos faltan varios, nos faltan piñatas del Tío Alejandro, nos faltan niñas que corran por el patio, nos falta el bisabuelo, nos faltan hermanas y hermanos, pero los que quedan, los que recordamos, llegaremos, bañaremos la casa de recuerdos y haremos fiesta y pondremos el nacimiento y adornaremos el árbol.
¡Felices Fiestas!

 

Texto: Elizabeth Pérez Castro

Opt In Image
Suscríbete a OaxacaNuestro
Y únete a más de 3,000 #OaxacaLovers

Te enviaremos semanalmente un resumen con los artículos destacados, las mejores promociones y los listados más recientes que agreguemos al sitio.

Lo mejor de todo, ¡es gratis!

Deja una Respuesta