Como cada año Oaxaca está de fiesta, julio es el mes de la Guelaguetza, el mes de las lluvias que caen incesantes sobre un público que aclama a quienes bajo el sol y la lluvia danzan y ofrecen lo mejor que su tierra les ha dado.

Entre las faldas de un cerro añoso, se dan cita las regiones de nuestro bello estado. Hasta el corazón de la verde Antequera llegan las istmeñas con sus resplandores y sus trajes bordados, llegan las mixtecas con sus faldas llenas de flores que al vuelo hilvanan la nostalgia de los que se han marchado, hasta ese lugar llegan los hombres con sus saltos y sus penachos, los corazones de dos espíritus que murieron amando, los andares lentos de la sierra y los versos picantes de las mujeres costeñas que con su risa nos van enamorando.

Oaxaca es magia, es baile, es risa, canto, sombreros al aire, pañuelos ondeantes, canastas de flores que lucen rebosantes. Para disfrutar las fiestas de julio basta con recorrer las calles del centro, en cada esquina un nuevo misterio, una nueva experiencia, un nuevo sabor.

alegria y colorido

La Guelaguetza es una experiencia única, un momento, un instante que parece eterno. Es el pretexto perfecto para unir a propios y extraños, para recorrer unas escaleras que parecen infinitas. El desfile de las delegaciones, la leyenda de Donají, la feria del mezcal, los puestos de comida en García Vigil y las calendas, son los imperdibles en esta fiesta. Hay de todo y para todos, hay comida, bebida, música, danza, mezcal.

Los lunes del cerro son la síntesis perfecta de la riqueza de nuestra tierra, en un mismo lugar concurren la palma, los guajolotes, el poleo; el incienso, el chocolate, el tepache, las piñas, el café, el algodón, la manta, la lana y el terciopelo. En un mismo sitio se cuenta la historia de un pueblo que nunca fue conquistado y se recitan versos que sonrojan y divierten a los más osados; en el auditorio las voces se unen para para hermanar a los presentes s al grito de “Viva Oaxaca”, para fundirlos en la nostalgia al canto de “Que lejos estoy del suelo donde he nacido, inmensa nostalgia invade mi pensamiento y al verme tan solo y triste cual hoja al viento…”

Nada como vivir la Guelaguetza, nada como estar en el auditorio con toda la energía que despiden quienes aplauden, cantan y con celebran pañuelos y sombreros. Nada como las mujeres gritando a todo pulmón ¡Viva Oaxaca! ¡Viva la Guelaguetza!

Y que viva ¿cómo no?

jarabe mixteco

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