Por: Mtro. Juan Antonio Gómez Cárdenas

En los últimos años el turismo cultural ha crecido de manera exponencial tanto en nuestro país como en el mundo. La gente aprovecha los desplazamientos a otros lugares para conocer la historia, el arte y las costumbres de los lugares por los que transita y, así el tiempo de ocio se ha convertido, también, en tiempo de aprendizaje.

En su conjunto el cuidado y protección del patrimonio cultural plantea el estudio de las ciencias antropológicas, arqueológicas e históricas con los cambios que éstas han vivido en los últimos años. Incluye por lo tanto el análisis de las nuevas formas patrimoniales, como el patrimonio oral, la memoria histórica, el paisaje, el territorio y la interrelación con la cultura; por ello su estudio requiere de un planteamiento absolutamente interdisciplinar y abordar los nuevos instrumentos de la interpretación del patrimonio y su relación con el nuevo concepto de turismo cultural.

Foto: Raúl Fuentes

En noviembre del 2013 tuve la oportunidad de participar en el XII Congreso de la Organización Mundial de Ciudades Patrimonio en Oaxaca de Juárez, evento que reunió a los más reconocidos representantes del cuidado, conservación, fomento y promoción de los sitios designados por la UNESCO; una de las participaciones más interesantes que escuché fue la que presentó el Doctor Jordi Tresserras Juan[1], denominada “El Patrimonio Cultural en el contexto del desarrollo sustentable”[2].

En octubre del mismo año, Juan Felipe Buitrago e Iván Duque Márquez presentaron el manual “La Economía Naranja: una oportunidad infinita”[3], editado por el Banco Interamericano de Desarrollo. El Doctor Treserras aseguró durante su exposición que tras un debate que tuvo con Buitrago, acordaron que, si la economía cultural y creativa es economía naranja, el turismo cultural y creativo tenía que ser turismo naranja.

Fue en este momento cuando reflexioné sobre la importancia que tiene sumarse a esta iniciativa por La Ciudad de Oaxaca de Juárez declarada Patrimonio Mundial, así como la Zona Arqueológica de Monte Alban y las cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla; reconociendo primero que conservamos tres declaratorias en un radio menor a la hora de tránsito que cualquier turista ávido de conocimiento pudiera aprovechar.

Y segundo, la relación clave y fundamental entre el patrimonio cultural y el turismo, así como la definición de las nuevas formas de turismo y muy especialmente el turismo cultural que propicia una economía naranja.

Foto: José Sosa

Así y a partir de la definición actualizada e innovadora aportada por estos investigadores del patrimonio cultural, se pretende valorar críticamente la verdad tipológica del fenómeno turístico que abarca el término y tratar temas como: el potencial económico, la geografía del turismo cultural, el equilibrio con el entorno, la comunicación del patrimonio (interpretación cultural), el impacto del turismo cultural o el nuevo marco legal del patrimonio cultural.

Se definen las nuevas formas del patrimonio cultural, el nuevo concepto de museo, la relación con el territorio, el paisaje, la cultura, las rutas culturales, los parques arqueológicos, etc. La relación con otras disciplinas y las transformaciones que los nuevos instrumentos provocan en las principales funciones del ámbito de la gestión patrimonial (recuperar, conservar, investigar, documentar, difundir).

Buitrago & Duque (2013) definen el concepto de la siguiente manera: El turismo naranja es un turismo sostenible y generador de desarrollo cultural, económico y social a partir de la gestión turística responsable del patrimonio cultural, la producción artística y las industrias culturales creativas.

Así, el turismo naranja es un articulador y potenciador de la economía naranja, la economía cultural y creativa; contribuyendo a generar oportunidades para la comunidad local a partir de su identidad y mediante la configuración de destinos naranja, territorios o clusters turísticos con identidad cultural.

El estudio del turismo cultural o turismo naranja deberá estar enfocado a los profesionales que se quieren especializar en este ámbito del turismo y sus nuevas manifestaciones. No es gratuito que el ámbito profesional de los autores y consultores de esta innovadora forma de practicar turismo esté relacionado con el mundo del patrimonio; puesto que las nuevas formas de ocio impuestas por los mercados emergentes y las nuevas perspectivas de política cultural que asumen las autoridades en turno, han determinado la evolución del concepto de turismo cultural a turismo naranja.

Aunque actualmente no se pueda hablar todavía, stricto sensu, de especialización, sí que podemos desarrollar una serie de itinerarios curriculares que, de alguna manera, nos adentren en los diferentes ámbitos temáticos que forman las áreas del conocimiento de contenido cultural y antropológico.

En estas áreas se hace cada vez más patente la importancia que tienen los temas relacionados directamente con la recuperación, la conservación, la documentación, la investigación y la difusión de los bienes patrimoniales, tanto para aquellos que solo quieren acercarse al conocimiento de nuestro patrimonio cultural como para aquellos que pretenden dedicarse específicamente a estos temas; al mismo tiempo es vital que las comunidades locales receptoras reconozcan su importancia.

Foto: José Sosa

En la actualidad hay quienes le han puesto color al turismo, como ya habían hecho otros antes para el turismo ecológico y de naturaleza (verde), de actividades náuticas (azul), de nieve, montaña y deportes de invierno (blanco) o el vinculado a la comunidad LGBT (rosa) para los senectos o jubilados (dorado) y con mucha polémica para quienes gustan de visitar sitios con un pasado turbio como los campos de concentración en Dachau, Auschwitz-Birkenau, Saschsenhausen (Alemania)[4] o las fincas y mausoleos de algunos narcos de Sinaloa y Sonora (México) despertando interés mórbido por el llamado turismo negro.

Se complementa lo anterior con una exposición práctica sobre cómo llevar a cabo proyectos de turismo cultural en los destinos que apuestan por esta actividad, incidiendo en los temas de diseño y desarrollo del producto, su interpretación y comercialización.

Foto: José Sosa

No podemos olvidar que el concepto de turismo cultural es un concepto amplio que ha evolucionado con el tiempo y ha comportado, por un lado, la transformación de las instituciones implicadas en este mundo y; por otro, el nacimiento de nuevos espacios (no siempre arquitectónicos) relacionados con el patrimonio y de nuevas ramas de conocimiento relacionadas con aquél, como el turismo cultural que aquí nos ocupa.

El destino naranja es un territorio con identidad cultural, un destino con recursos culturales y creativos que tiene la economía naranja como uno de sus ejes de desarrollo endógeno y genera una capacidad de atracción suficiente para inducir a un viajero a realizar los esfuerzos necesarios para desplazarse hacia él.

Todos los destinos culturales poseen un imaginario, unos íconos con una marca, un precio y un lugar en el mercado, con una comunidad que participa, se identifica, ejerce de anfitriona y que mantiene durante una gran parte del año un flujo de visitantes y de turistas lo suficientemente numeroso como para convertir esta actividad en una de las bases de su economía.

Sin duda, la labor de la UNESCO es clave gracias al impulso de iniciativas como la lista del patrimonio mundial, la lista de salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, o la red de ciudades creativas de la que hablaremos posteriormente. Con las autoridades como facilitadores es imprescindible construir de forma colaborativa productos y servicios eficientes e innovadores que consoliden destinos turísticos de calidad, competitivos, sostenibles, responsables e inclusivos y generadores de desarrollo cultural, económico y social para la comunidad.

En el ámbito del turismo naranja los nichos que están manifestando un mayor desarrollo son los relacionados con el turismo patrimonial, el turismo artístico, el turismo de festivales y sobre todo, el vinculado con las industrias culturales y creativas con nichos específicos como el turismo artesanal, el turismo cinematográfico, el turismo idiomático, el turismo literario, el turismo gastronómico, el turismo musical, el turismo de baile, el turismo creativo; modalidades que implican la participación e interacción del turista, quien suele desear ser viajero o sentirse local y desarrolla su potencial creativo a través del aprendizaje, la experimentación, la creación, o la exhibición de su talento mediante el formato de experiencias turísticas vivenciales singulares.

Es fundamental que las disposiciones operativas en cada destino estén ligadas con estas iniciativas implementando recomendaciones que contribuyan, cuando así se considere, al desarrollo responsable y sostenible del turismo naranja.

 

[1] Experto en turismo cultural y creativo. Director del Laboratorio de Patrimonio, Creatividad y Turismo Cultural (LABPATC) Consultor de UNESCO y del Consejo de Europa, spin-off de la Red Ibertur.

[2] Tresserras, Juan (2013 /noviembre/20) Ponencia de Jordi Tresserras (XII Congreso Mundial de la OCPM) [Archivo de Video] recuperado de  https://youtu.be/UXJxhRP-CNU.

[3] Buitrago&Duque (2013) La Economía Naranja una oportunidad infinita [PDF] Obtenido de http://www.iadb.org/es/noticias/anuncios/2013-10-30/la-economia-naranja-una-oportunidad-infinita,10622.html

[4] Kompas (2016) Tour de los campos de concentración alemanes [Texto] Obtenido de http://www.kompas-spain.com/es/europa_este_central/circuitos/campos_alemanes

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  1. Zuleima Domínguez

    Su articulo me ha resultado bastante interesante y soy creyente de fomentar un turismo cultural en el que transmita el valor del patrimonio de nuestros pueblos con ayuda de los mismos poseedores se esta riqueza que ayudé a preservar la cultural local.