Por: Geovana Sánchez Martínez

1.-OLVIDO

Como la mayoría de las cosas en esta vida, el olvido también tiene dos lados. Dos caras, dos versiones, dos formas, dos extremos en su decisión. Y digo decisión porque el olvido o se decide o no se decide. El olvido se decide cuando duele (la mayoría de las veces), cuando en nuestro afán de no afrontar las situaciones y los retos de crecer, nos apegamos a la idea de que tal vez, olvidando se curarán las heridas o se hará menos obvio el peso que llevamos cargando. Lo peligroso del olvido por decisión es que cobra cuentas, cobra y hay que pagar. A veces decidimos olvidar por “salud mental”, pero no hay mayor salud mental que aquella que decide ser fuerte y no floja para explorar en uno mismo justo en el momento que es requerido.

 

El olvido no decidido no se paga tan duro (dicen), dirían muchos que nuestra condición  humana nos ha hecho tan perfectos que la propia mente no recuerda lo que no es necesario; el olvido que no se decide es un premio para aquel que decidió enfrentar toda situación, dar la cara y ser honesto hasta el fin. El olvido que no se decide quita cargas en vez de agregarlas pues requiere de madurez previa para enfrentar la vida. Y es que entre más recuerdo el daño que me hiciste y que yo acepté sentir, entre más me levanto no evitando el dolor que siento de ti y entre más te recuerdo y te perdono, te dejo ir todos los días… solo así mi alma se sana a profundidad, se deja fluir como río, se dejan lavar mis sentimientos intensos.

 

El problema del olvido, sea éste decidido o no es que pasa. Sucede. Nos abraza. Y así sea “buena” o “mala” nuestra intención el olvido como forma de depuración de la mente nos pasa a todos. El problema del olvido, sea éste decidido o no, es que, si no somos conscientes de lo que se olvida igual nos puede pesar un buen rato. Olvidamos pedir perdón, olvidamos tenernos presentes, olvidamos procurarnos, olvidamos entender que el otro es diferente a nosotros, olvidamos  a los vivos y entonces recordamos a los muertos como símbolo de todo aquello que hubiésemos deseado no olvidar. Olvidamos cumpleaños, cosas que trascienden, vamos de prisa olvidando el cariño sincero, el amor que dura, olvidamos como importarnos con el otro, olvidamos hablar, olvidamos hacer en vida lo que todos nos arrepentimos de no haber hecho cuando llega la muerte.

2.-RECUERDO

Recordar a alguien. Hoy me di cuenta, que si se puede recordar a personas que no conocimos en vida. Y tal vez este “darme cuenta” tan solo se hizo consciente y liviano. Y aquí amigos no me refiero a personajes de la historia conocidos mundial o nacionalmente, que en paz descansen claro, pero que todos conocemos por sus hechos solemnes y seguro pocos conocemos por las personas que fueron realmente. ¿Quiénes son los que se han ido sino en realidad, lo que nosotros recordamos de ellos? Y es que la forma de recordar a alguien refleja nuestra relación con ellos y también refleja los deseos y anhelos de nuestro propio ser. Pero ¿Cómo conocer a quien nuestra mente apenas recuerda en el vientre de nuestra madre? ¿Cómo recordarlo si no lograron quedarse en este mundo?

 

Este tipo de recuerdo es el que tengo de mi hermano. Hoy tendría aproximadamente 19 años. Y su recuerdo son mis proyecciones de él. Lo que creo que hubiera sido y la extraña sensación de extrañar a alguien que realmente nunca existió en mi vida. La única cercanía en este mundo que tuvimos tal vez fue el recuerdo de que alguna vez me dijeron que tendría un hermano, algún roce con la barriga de mi madre y otro recuerdo borroso de cuando me dijeron que yo no tendría un hermano. No que ya no, pero que yo no.

 

Y como el olvido no decidido y aún inocente, por no entender la situación, a mis 5 años tan solo lo olvidé. Olvidé a mi hermano hasta que 5 años después mi madre sintió el peso de haber elegido olvidar por dolor. Y le cayó frio el recuerdo por haber querido olvidar a su hijo, yo entiendo que le dolía y entiendo también que en ese momento creyó que era mejor no recordar. El olvido decidido es también un método rápido de defensa. Al final, los olvidos decididos regresan, todos, cuando menos los esperamos. Cobran factura; lo bueno de esto es que se cura el olvido recordando, siendo honesto, actuando para ya no olvidar. Recordar también es perdonarse uno mismo.

 

Y recuerdo a mi hermano, en sueños o en proyecciones. Le pido y le hablo; le escribo. Sangre de mi sangre, que lindo hubiera sido tenerte por aquí. Lo que más me llama la atención es el misticismo y belleza de la existencia humana que ésto significa. Existimos y nos conectamos en muchas dimensiones, nuestra mente es un portal al amor, un portal al perdón, un portal al recuerdo de los nuestros, un arma poderosa y noble… solo hay que saber direccionarla.

 

3.-MUERTE

Perpetuidad. La perpetuidad debería existir en vida también. Perpetuidad en nuestra vida pasajera al sentimiento de empatía por los otros. Un poco contradictorio suena querer dar “perpetuidad” a algo en nuestra vida, precisamente porque la vida, al menos la nuestra en este mundo, no se queda, sino pasa; quien sabe si a otra vida, si a una primera muerte o a una muerte final.

 

Me parece que la muerte como la conocemos hoy y como opuesto a la vida, como fin del ciclo en este mundo es la muerte final- primera parte. Digo primera parte pues quien sabe aún qué pase cuando nuestro corazón deja de latir, nuestros órganos de funcionar y nuestra mente de razonar como humano en cuerpo físico. Y la muerte como extremo opuesto de la vida le llamo muerte final porque creo que antes, en vida, ya morimos una cuantas veces. Morimos en orgasmos, morimos en enamoramientos, morimos en ideas, en trabajos, morimos al dejarnos solos, al anteponer a los demás antes que a nosotros mismos, a seguir esperando que los demás cambien, al permitir que nos falten al respeto y también al faltar al respeto a los demás. Morimos al no ir a donde nuestra esencia nos dice, morimos al ceder nuestra voluntad, al no cuestionar lo impuesto; no criticamos usar celular, tecnologías o ciertas modas, a veces criticamos las formas de gobierno y de sociedad en la que vivimos pero seguimos sin hacer nada por cambiarlo, nos da una flojera inmensa organizarnos. Pero nos hablan de amor y de relaciones con pareja y ahí si, o queremos controlar todo o “nos dejamos controlar”. El amor en todas sus presentaciones es la única prisión o libertad en la que realmente podemos decidir y por eso la hacemos tanto de pedo. Lo demás, ¡meh! Ahí si nos dejamos morir a gusto.

 

Y veo la muerte constante en mi cuerpo, células que vienen y van, alimentos que se procesan, cuerpo, mente y espíritu que evoluciona. Nacer es empezar a morir. Y morir tras morir nos lleva a la muerte final. Bastante romántico y metafórico el asunto pero pensar en esto me hace recordar que morir constantemente me hace mas consciente de estar viva. Y es que viva y muriendo todos los días es que puedo verlos, ver a mi hermano de 9 años, el regalo de la vida que si llegó para existir conmigo, verlo a los ojos y saber que yo ya tuve esa edad, que nuestra diferencia de edades nos hace unirnos más, ver nuestras familias tan diferentes a como eran antes, ver las necesidades de hoy, ver todo lo que puedo hacer por mi y por los demás, aprovechar, movilizarme, amar y hablar ahora, hoy que todavía tengo aliento. Dejarme sentir no necesariamente para que me recuerden, pero para que no se olviden en carne propia que hoy todavía pueden hacer más.

 

Mi tierra caliente Oaxaca, mi tierra tan llena de alma, esa me trasmite, esa nos hace sentir la vida y la muerte tan conectada, tan parte de una sola experiencia humana.

 

 

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