Fotografía: @edaguevara

Lo dulce siempre al final. Así me educaron en casa. En cualquier desayuno, comida o cena. La primera vez que asistí a una mayordomía en la Mixteca de Oaxaca y me sirvieron chocolate de leche en una jícara, tomé mi pieza de pan de panela, que elaboran en horno de piedra en Tamazulpam del Progreso, y le di la mordida a la pieza seca, para después sorber la deliciosa bebida.

Pero vaya que me ganó el antojo, al voltear y ver de reojo a mi acompañante remojar su pedazo de pan, para luego morderlo tan deliciosamente y dejar escurrir el sobrante por la comisura de sus de sus labios, me conquistó y mi vida no fue la misma, porque descubrí que así sabe mejor; que lo cálido de la bebida, hace poroso el migajón más duro, que es mejor cortar piezas pequeñas que casi se deshagan en tu lengua, que pan y chocolate juntos son una combinación única, siempre y cuando se dejen seducir, conquistar.

Mis mañanas no volvieron a ser las mismas y sopeadita la vida me la llevo yo…

Por: Canela Sandoval

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