Por: Mtro. Juan Antonio Gómez Cárdenas

El turismo, como lo he mencionado en entregas anteriores, es esa fuerza y fenómeno que nos une en el ámbito cultural, económico y social; que impacta en todos los sectores de la sociedad en la comunidad local de un destino turístico y es reconocido universalmente porque facilita y pone en contacto a personas de formación y niveles de vida diferentes, estrechando sus relaciones y anulando arrogancias. Siendo nuestros turistas y visitantes embajadores de la cultura de su país que a su vez asimilan la cultura con la cual se ponen en contacto en nuestro territorio.

El turismo complementa los más elevados objetivos de paz y cooperación entre los habitantes, quienes de forma directa o indirecta se ven impactados por esta apasionante actividad económica, que los compromete para servir y apoyar con los esfuerzos tendientes para conseguir su integración y lograr las metas económicas que refrenda: más turistas, más derrama, más estancias prolongadas y un desarrollo óptimo para el destino.

Sin embargo, hoy en día en todo el mundo y como ejemplo los destinos europeos tradicionales y punteros de las estadísticas de la OMT tan relevantes como lo son: Madrid, París y Londres; han enfrentado durante los últimos meses un clima de inseguridad que impide propiciar las condiciones favorables para incentivar más visitas a estos destinos.

También en México y sobre todo en algunos estados de nuestro país, un punto de innegable importancia que directa e indirectamente genera daños al turismo es el clima de inseguridad y confrontación social que hoy padecemos; y que ya sea real o sobredimensionado, queramos admitirlo o no, ha desencadenado incluso alertas de viaje para nuestros potenciales visitantes, cuya decisión de viajar a nuestro país o a determinados estados de la república se ve influida en mayor o menor grado por este tipo de situaciones.

Es evidente que los índices de delincuencia, homicidios, fuego cruzado en zonas turísticas, secuestros y otras tantas notas alarmantes resultan afectados por ese clima, pero para bien o para mal, a quienes nos desempeñamos en la actividad turística nos toca llamar la atención en este sentido porque es este nuestro ámbito y somos a fin de cuentas los que advertimos los efectos reales; y también porque no queremos ver diluidos los esfuerzos que diariamente llevamos a cabo para realizar el mejor papel como anfitriones.

Simplemente como ciudadanos nos vemos en la necesidad de pedir, de exigir incluso, siempre desde la congruencia del trabajo honesto, que se nos garanticen paz, prosperidad, seguridad, armonía y desarrollo humano a través de la calidad en los servicios públicos básicos de infraestructura como calles sin baches, con luminarias funcionando, semáforos en óptimo estado y niveles altamente competitivos de nuestros servidores públicos.

Reflexionemos, estas son las premisas inmediatas y que muchas veces se escapan del alcance y del control de nuestra autoridades, pero que mediante mecanismos colaborativos de organización, cooperación ciudadana, de comités de seguridad en todos los ámbitos sociales, empresarios, académicos, funcionarios, y vecinos; podemos contribuir a mejorar en un principio nuestra realidad con el apoyo de nuestros cuerpos de seguridad, en el ánimo de recuperar esa confianza perdida desde hace un buen tiempo. Me permito citar al gran Albert Einstein quién enuncio “El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad”.

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