Más que una tradición es una experiencia placentera

Ha pasado ya un tiempo desde que escribí unas líneas que destacan la belleza de las tierras oaxaqueñas, es por ello que hoy retomo estos escritos para contarles sobre un viaje al que, tal vez, aprecio mejor con cierta distancia, temporal y espacial como si se tratara de dejar todo atrás y sumergirme un mundo fantástico, debo confesarte amigo lector que desde la posición privilegiada que proporciona la experiencia que me ha generado este viaje, me siento motivada de poder narrar y hacerte parte de él.

Dicen los que saben que solo percibes aquello que puedes aprender y te ayuda a sobrevivir y es que casi todos, por no decir todos, hemos pasado alguna vez por factores de motivación, necesidad, experiencias que nos han enseñado la belleza de la vida, viajar y conocer nuevos horizontes, formas de vida, costumbres y tradiciones.

Hace unos días por invitación de una amiga decidí viajar a San Bartolomé Zoogocho. Comunidad de la Sierra Norte que se encuentra a cuatro horas de la Capital del estado; y que preserva prácticas, tradiciones y creencias inmutables.

Zoogocho es un lugar lleno de misticismo, donde la voz del anciano es más importante que cualquier otra, un pueblo en que durante los días de fiesta todas las familias se cooperan para preparar manjares que alcancen para darle de comer a pobladores y visitantes.

Aquí el tiempo pareciera detenerse mientras bailan y brindan al compás de la noche, alumbrados por los destellos de las luces que desprenden los fuegos pirotécnicos.

Quizá al igual que yo, pienses que es una locura ahorrar durante todo un año para poder comprar un castillo y verlo quemar en un ratito. Pero es grandioso apreciar de cerca el cumplimiento de las promesas, una familia que año con año va heredando la mayordomía de su pueblo;  personas que sin importar la distancia que les separa de la tierra que les vio nacer, siguen haciéndose presentes, recordándole a su gente que la cultura, las tradiciones y la fe no conocen fronteras.

Debo confesar que cuando mi amiga me habló de Zoogocho, no comprendí ese cariño tan inmenso que le tiene a su tierra, hasta que parada frente al castillo y mientras las luces iluminaban la noche comprendí que la magia no es la quema del castillo si no luz de esperanza que existe en el corazón de cada persona.

Espero con ansias el próximo 24 de agosto, para volver a viajar en el tiempo, brindar con un buen mezcal como solo en Oaxaca se puede dar, ver quemar el castillo  y bailar la danza del Negritos, Mixes y de la Sota de los Tigres, al compás de todas las bandas, porque Zoogocho es tierra de músicos, tierra fértil… un lugar con historia.

Agradezco personalmente a la familia González Mendoza por la hospitalidad brindada.

Texto y fotografías: Monserrat Trujillo

Opt In Image
Suscríbete a OaxacaNuestro
Y únete a más de 3,000 #OaxacaLovers

Te enviaremos semanalmente un resumen con los artículos destacados, las mejores promociones y los listados más recientes que agreguemos al sitio.

Lo mejor de todo, ¡es gratis!

Deja una Respuesta