Por: Monserrat Trujillo

Platicando con diferentes personas me comentan que la mejor etapa de su vida la han pasado durante la pubertad y es que fue durante esta etapa que muchos de nosotros dimos nuestro primer beso, tuvimos nuestro primer acercamiento con el amor, etc. Fue en ese momento cuando pasamos las horas más felices conociendo a diversas personas, muchas de ellas se convirtieron en nuestros amigos y muchos otros como las hojas de los árboles en otoño, solo permanecieron en nuestra vida por un corto tiempo pero aun así dejaron una huella, una experiencia, un recuerdo.

Hoy quiero contarles que la etapa más bonita de mi vida sin lugar a dudas, fue mi niñez, esa etapa en la que te vuelves un filósofo, haciendo preguntas y cuestionando a cada andar el porqué de las cosas.

Recuerdo que cuando era niña mi hermano acostumbraba siempre salir del colegio y juntarse en una esquina con todos sus amigos y jugar a las canicas, juegos de pelota, maquinitas, carreras de cochecitos, paseos en bicicleta y muchos otros juegos que anteriormente decían que solo le pertenecían a los niños, pero mi hermano siendo el único varón entre dos mujeres no le quedaba más remedio que jugar a juegos de niñas y a juegos de niños con niñas. A mí lo que más me divertía era subirme a los árboles y andar en bicicleta.

A mi mamá le encantaba vestirnos a mi hermana y a mí con vestidos, moños y calcetas del mismo color. Nunca podíamos salir de casa si no era bien vestidas y peinadas.

Cada que asistíamos a una fiesta, casa de la abuela o familiares, imaginaba que el mundo era como un gran patio de diversiones, un lugar donde todo era posible, donde todos los sueños se convertían en realidad.

Todas las aventuras que recuerdo haber tenido en la niñez las viví con mis dos grandes amigas y compañeras, eran hermanas, una de ellas se llamaba “a que no te atreves” y la otra era su hermana la testaruda de nombre “a que si me atrevo”, a mi mamá no siempre le parecía una buena idea que yo conviviera mucho con estas dos hermanitas pero es que me resultaban tan divertidas que era imposible no invitarlas a mis juegos y aventuras, por ello teníamos en casa siempre a un cómplice que se llamaba papá.

Y es que en eso consiste la vida de un niño, no tienes por que preocuparte por las cosas de adultos, no tienes porque tener miedo de decir lo que piensas o lo que deseas hacer, puedes reír hasta que te duela el estómago y estás seguro de que podrás salvar al mundo en cada juego y con una simple sonrisa. Hoy estoy consciente de que no puedo volver el tiempo atrás pero me es hermoso pensar el hecho de que aún existen en el mundo un súper héroe o una heroína que todos los días nos recuerdan a nosotros los adultos que jugar no es solo cosa de niños y que de vez en cuando es bueno detenernos un momento y disfrutar de cada una de las maravillas que tiene la vida.

Feliz día del niño te desea Oaxaca Nuestro.

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