sabor a mi
sabor a mi

Una casa, una mesa, él frente a mí y entre nosotros una botella, gustosos, ansiosos, sedientos de sentirnos, está bueno dice, pero antes la advertencia. El mezcal es como las mujeres, si lo tratas a besos te tratará a besos, si lo tratas a patadas te tratará a patadas, así que tú sabrás. Esa noche nos tomamos despacito el mezcal.
A eso sabe Oaxaca, a un buen mezcal. En estas tardes frías se antoja, dan ganas, un mezcal para acompañar la soledad o un mezcal acompañado, el punto es beberlo, disfrutarlo, gozarlo, respirarlo, dejar que su sabor nos inunde la lengua y que su magia nos adormezca los sentidos.
En Oaxaca bebemos de la tierra, porque de la tierra venimos y estamos hechos de ella. Así nos pasa la vida, de gota en gota, de copa en copa, de Cuish en Espadin, de todo y nada.
Para hablar de mezcal nos falta tiempo, con limón o con naranja, no estamos para ponernos correctos, el mezcal es vida, agua de las verdes matas que nos tira y también nos mata.
El mezcal es Perla eligiendo un ensamble mientras me habla de los más de cincuenta tipos de agave que hay en Oaxaca, el Madre Cuish, el Tobalá de Sola de Vega, el Espadín, el Mexicano y muchos más; el mezcal me hace pensar en su sonrisa mientras juega dominó como una experta y desnuda las copas de la mesa. “Tres mezcales” dice, porque hablamos de una bebida con más de 40 grados de alcohol y el mezcal es para disfrutarlo no para emborracharse. Aunque llegó tarde la advertencia se agradece el consejo de un buen paladar.
De la mano de esta mujer el trayecto se hace interesante, hay que ver como vibra y como se ilumina cuando habla de mezcal, de Ulises Torrentera y su Mezcabulario, de los mezcales que habitan en su casa y que suele presumirle a su papá.
¿Así es vivir el mezcal? Me pregunto, ¿así es adentrarse entre la maravilla de una bebida espirituosa que es fascina a propios y extraños?
Pues así, así es vivir la bebida de los dioses que dieron a esta tierra suelos tan diversos como agaves y combinaciones posibles para un buen mezcal. Así es beberse la vida en Oaxaca, así es llegar a cualquier lado y beber un mezcal, porque agua no habrá, pero hasta en el último y más recóndito espacio de este bello estado ¡Hay mezcal!
Me tomo un mezcal a la salud de tu recuerdo, pensando en que “allá tal como aquí en la boca llevarás sabor a mí.”

Texto: Elizabeth Pérez Castro

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