Por: Mtro. Juan Antonio Gómez Cárdenas / Tw: @Gomcard

Hace unos días concluyó el taller de crónica con mi amiga Anne Labrousse, y entre las lecturas seleccionadas, estaba una del argentino Martín Caparrós, titulada “Muxes de Juchitán”, en ella se describe a sus mujeres: Las señoras son rotundas como mundos, las piernas zambas, piel cobriza, los ojos grandes negros, sus caras achatadas, vienen de enaguas anchas y chalecos bordados; detrás van hombrecitos que empujan carretillas repletas de frutas y verduras. Las señoras gritan ordenes en un idioma que no entiendo: los van arreando hacia sus puestos. Los hombrecitos sudan bajo el peso de los productos y los gritos.

De alguna forma este escritor sudaméricano pinta el paisaje de este pueblo del sureste mexicano de forma excepcional en donde reina el matriarcado, en su texto se refiere a los mercados de la siguiente forma: Con el sol aparecen pirámides de piñas como sandías, mucho mango, platanos ignotos, tomates, aguacates, hierbas brujas, guayabas y papayas, chiles en montaña, relojes de tres dólares, tortillas, más tortillas, pollos muertos, vivos, huevos, la cabeza de una vaca que ya no la precisa, perros muy flacos, ratas como perros, iguanas retorciéndose, trozos de venado, flores interminables, camisetas con la cara de Guevara, toneladas de  cedés piratas, pulpos ensortijados, lisas, bagres, cangrejos moribundos, muy poco pez espada y las nubes de moscas, músicas varias se mezclan en el aire, y las cotorras.

Poco a poco Martín va describiendo el papel que juegan los diversos actores sociales de esta comunidad, en donde las mujeres manejan el dinero, la casa, la organización de las fiestas y la educación de los hijos; en cambio los hombres salen desde muy temprano a laborar los campos o a pescar, atienden los temas de la cultura, la política y las decisiones que son básicas. Desmintiendo con argumentos aquello que afirma que el hombre es huevon y su mujer lo mantiene… Afirma Juchitán es una ciudad ni grande ni chica, ni rica ni pobre, ni linda ni fea, en el Istmo de Tehuantepec al sur de México, el sitio donde el continente se estrecha y deja entre el Pacífico y el Atlantico solo 200 kilometros de tierra.

Muxe es una palabra zapoteca que quiere decir homosexual pero quiere decir mucho más que homosexual. Los Muxes de Juchitan disfrutan desde siempre de una aceptación social que viene de la cultura indigena. Y se “visten” – de mujeres –  y circulan por las calles como las demás señoras, sin que nadie los señale con el dedo. Pero sobre todo: según la tradición , los muxes trasvetidos son chicas de su casa. Si los trasvestis occidentales suelen transformarse en hipermujeres hipersexuales, los muxes son hiperhogareñas.

En esta crónica nos relata las desventuras de Jorge antes de ser Amaranta, y uno que otro testimonial de los habitantes muxes y de los que no lo son, respecto a esta forma de vida tan particular en Juchitán de Zaragoza…

—Los muxes de Juchitán nos caracterizamos por ser gente muy trabajadora, muy unidos a la familia, sobre todo a la mamá. Muy con la idea de trabajar para el bienestar de los padres. Nosotros somos los últimos que nos quedamos en la casa con los papás cuando ya están viejitos, porque los hermanos y hermanas se casan, hacen su vida aparte pero nosotros, como no nos casamos, siempre nos quedamos. Por eso a las mamás no les disgusta tener un hijo muxe. Y siempre hemos hecho esos trabajos de coser, bordar, cocinar, limpiar, hacer adornos para fiestas: todos los trabajos de mujer. La tradición juchiteca insiste en que un muxe no se hace -nace-y que no hay forma de ir en contra del destino.

En Juchitán no se ven extranjeros: no hay turismo ni razones para que lo haya. Suele hacer un calor imposible, pero estos días sopla un viento sin mengua: aire corriendo entre los dos océanos. El viento refresca pero pega a los cuerpos los vestidos, levanta arena, provoca más chillidos de los pájaros. Los juchitecas se desasosiegan con el viento.

Afirma otra Muxe entrevistada en esta crónica: Me dijo, con la sonrisa triste. Felina me había contado que una de las “funciones sociales” tradicionales de los muxes era la iniciación sexual de los jóvenes juchitecas. Aquí la virginidad de las novias era un valor fundamental y los jóvenes juchitecas siguen respetando más a las novias que no se acuestan con ellos, y entonces los servicios de un muxe son el mejor recurso disponible.

Queda de manifiesto que la tradición de los muxes, va más allá de ser un producto o una experiencia turística tipificada como parte del segmento LBTTTIQ,  incluso habiendo sido galardonado como “Producto” por la propia Sectur Federal en el pasado Tianguis Turístico de Acapulco, no es tampoco una experiencia para el turismo; ya que es un modo de vida muy particular de la región que corre el riesgo de ser desvirtuado de su forma original a verse inmerso en la comercialización, valdría la pena considerar su vulnerabilidad dentro de una ruta turística planteada en papel pero que no corresponde con la realidad.

gomcard@yahoo.com

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