Por: Elizabeth Pérez Castro.

Alguna vez escuché a alguien decir que las muerteadas son una fiesta que permite a los vivos reunirse con los muertos; que el baile, la alegría y el color, eran mejores que los lamentos. Que la vida era eso, un recorrido incierto, lleno de sorpresas, música y momentos…

Hoy es la Octava de Muertos en Soledad, y entre sus calles se reunirán cientos de personas para presenciar uno de los espectáculos más fascinantes de las Fiestas de Muertos, las muerteadas.

Fotografia: Yaconic

Todo inicia meses atrás, cuando cada barrio elige a sus “encabezados”, grupo de hombres que han participado año con año en la celebración y que son los encargados de organizar la festividad. A ellos corresponde buscar a quienes cooperarán con los alimentos para la banda y recitarán los versos en la iglesia; por lo general quienes quieren cooperar se anotan desde años atrás, así, los encabezados guardan una lista donde se especifica el orden en que las personas participarán.

Existen tres barrios en Soledad Etla, el Barrio de Abajo, el de En medio y el Barrio de Arriba; todos con una fuerte identidad y que se adentran en una “pugna” por ver quienes llevan más gente, la mejor banda o el mejor disfraz.

Fotografía: Revista Layú

Llegado el día los encabezados de los tres barrios bajan al puente que une a Guadalupe con Soledad, ahí reciben a la banda y los conducen hasta la casa donde les darán de comer, después de la comida la banda comienza a tocar, hasta el lugar de la música llegan los disfrazados para dar inicio a la muerteada. Después de recorrer las calles de la comunidad y adentrarse en las casas de quienes abren las puertas para recibir la fiesta, la banda se dirige a casa de quién se ofreció a darles de cenar, después de los alimentos llega la hora de la solemnidad.

Aproximadamente a la media noche, cada barrio se dirige al atrio de la iglesia para dar paso a uno de los momentos más sublimes de la festividad. Frente a las puertas del templo, un hombre se dirige a la Virgen de la Soledad para recitar versos que hablan de gratitud y humildad. Quien recita, suele mencionar entre sus rimas los nombres de los ancianos y ancianas, que han partido y que fueron ejemplo para su comunidad. Los versos nunca son los mismos, los construye quien tiene el favor de recitar y son una manifestación de fe.

Fotografía: NVI Noticias

Una vez que se han recitado los versos en la iglesia, la gente continua su camino, adentrándose entre las calles una vez más. La noche es larga, pero se hace ligera entre las bromas, la música y el mezcal. Cuentan que antiguamente entre canción y canción, se acostumbraba recitar versos que hablaban de acontecimientos de la comunidad, situaciones políticas incluso; sin embargo, con el paso del tiempo esa práctica se ha ido perdiendo, aunque se conserva la tradición de recitar rimas para pedir una canción.

La noche transcurre y al llegar la mañana, los tres barrios se dirigen al panteón. Jesús dice que las muerteadas son una alegoría de la vida y que por eso terminan en el camposanto, con las tres bandas tocando “Las mañanitas” para después solo tocar marchas fúnebres, música que acompaña, que sirve para enjugar lágrimas.

Sí, hoy es la Octava en Soledad… y desde la distancia se antojan los tamales, el pan y el chocolate, los versos, la risa y el mezcal. Se antoja bailar al lado de los cascabeludos, de creaciones increíbles que emergen de entre la gente. Se antoja sentir el frio de muertos calando los huesos, sentir la vida que convive con la muerte, la algarabía que baila con el destino que es final. Sí, en estas fechas… se extraña Soledad.

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