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Fotografía: Lizbeth Bravo

alebrijes son seres mágicos, producto de sueños, fantasías y demonios, a veces de luchas internas de su creador, que se transportan a la madera a través de sus manos hábiles y experimentadas. Sus colores intensos y alegres los envuelven en misticismo, son mezcla de monstruos y carnaval.

 

Visitar un taller en el que se crean alebrijes es como viajar a otra dimensión, permanecer por un momento en un sueño en el que la realidad se percibe mezclada y distorsionada, con resultados maravillosos e inesperados.

Fotografía: Lizbeth Bravo

Así entre seres imaginarios, charla y bosque, me pasé hace dos semanas unos días de los más agradables. Mis compañeros y yo, visitamos un domingo San Pedro Cajonos, un pueblo enclavado en la Sierra Juárez a escasas dos horas de la ciudad capital, muy pocos oaxaqueños tenemos referente de él, como la mayoría de los pueblos de Oaxaca esta es una comunidad pintoresca con un paisaje envidiable y la gente con la amabilidad a flor de piel.

 

En este pueblo yace una gran tradición familiar, el tallado y decorado de alebrijes. Desde hace 37 años los hermanos Blas iniciaron con lo que fue una necesidad, uno de ellos menciónó: “nuestro hermano bailaba con un grupo de danzantes, pero las máscaras que vendían en Yalalag eran muy caras y decidimos tallarlas nosotros.” Poco después ya tenían pedidos de diferentes comunidades de la región y un cliente en un viaje a la ciudad les pidió tallar figuras no sólo máscaras.

Fotografía: Lizbeth Bravo

Al hacer sus faenas en el campo fueron tomando raíces y ramas a las que les fueron atribuyendo formas según su imaginación e iniciaron a tallar y pintar, sus primeras obras fueron serpientes, después dragones y luego duendes o nahuales, convirtiéndose en un grupo de artistas que producen obras únicas y de una calidad extraordinaria.

 

Tradición familiar de la que ya se ocupan las generaciones nuevas, que poca incursión ha tenido en el mercado debido a la falta de difusión de esta comunidad como productora de estas bellas piezas, sus artistas se han conformado con vender en San Martín Tilcajete, Arrazola y algunas veces a comercios del centro, lo que les implica una baja en sus precios.

Fotografía: Lizbeth Bravo

Pero en esta nueva generación se destaca Paul Blas, joven emprendedor que tiene una visión amplia, está en proceso de consolidar la producción familiar bajo una sola empresa “Alebrijes Blas”, con ello quiere llevar su arte a Europa, Estados Unidos, Canadá y a mercados nacionales no tradicionales; para no depender forzosamente del comercio intermediario y para ello está apostando a las nuevas tecnologías.

 

Esta, es una de muchas empresas oaxaqueñas que necesitan de la inyección gubernamental para continuar con sus éxitos, para conquistar mayor mercado y seguir colocando en alto el nombre de nuestra tierra y contribuir de manera directa e indirecta al desarrollo del estado. Pero no sólo queda ahí, también nosotros podemos contribuir conociendo su arte, comprendiendo su significado y recomendando su fina labor artística.

Fotografía: Lizbeth Bravo

Como oaxaqueños debemos aprender a profundizar en el valor de lo que nos rodea, conocer rutas y lugares que imaginamos pero que no nos atrevemos a recorrer. San Pedro Cajonos es una comunidad bella, como muchas de la sierra, con su clima agradable y su variedad de alebrijes, bien vale la pena conocerlo. Además de que en la ruta te encontrarás con San Antonio Cuajimoloyas, sus interesantes recorridos y su extraordinaria tirolesa de un kilómetro de longitud que atraviesa la comunidad.

 

En Oaxaca, todos tenemos mucho por hacer.

 

Texto: Ernesto Ruiz
Fotografías: Lizbeth Bravo

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