Por: Paulina Cruz

Los desafortunados terremotos del pasado mes de septiembre en distintos estados de la república mexicana nos dejaron, además de las pérdidas humanas y materiales, un orgullo patriota por nuestra solidaridad y empatía hacia los más necesitados. Sin embargo, resaltaron reacciones particulares en la población que sin duda tienen mucho que ver con la percepción de la relación empresa-sociedad, y que me parece es digno de retomar en el presente artículo para analizar el tema de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Mientras algunos negocios ponían a disposición la totalidad o una parte de su inventario para el rescate de personas y enmendación de los daños materiales, otras empresas apoyaban con donaciones en efectivo, siendo centros de acopio, o poniendo a disposición su equipo de transporte para el traslado del apoyo recaudado, así como también hubieron empresas que no hicieron nada, o en último término dejaron de existir como consecuencia de estos desastres naturales. De todas esas acciones era posible enterarse gracias al poder de los medios masivos de comunicación y redes sociales en donde particularmente se felicitaba a los solidarios, se retaba a los ausentes, se señalaba a los indiferentes y se criticaban las formas.

Las reacciones anteriores nos dejan un claro mensaje: la población espera una reciprocidad por parte de las empresas, pero ¿realmente tienen que tomar responsabilidad por algo que no causaron y quizás no tenga que ver con su quehacer diario o su giro comercial? O ¿en qué medida ellas deberían responder a las expectativas y demandas de la comunidad en la que se encuentran?

El término de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no es nuevo ni en México ni en el mundo, sin embargo día con día sigue tomando mayor relevancia y buscando ocupar un lugar establecido en la forma de hacer negocios a diferentes niveles y sectores. Esta responsabilidad nace de la consciencia de que el papel de las empresas no es únicamente el de generar riqueza para sus dueños o accionistas, sino también el de generar el mayor impacto positivo posible en la comunidad en la que llevan a cabo sus operaciones. La percepción de que únicamente se trata de acciones ecologistas y filántropas reduce la trascendencia que las buenas prácticas de la RSE pudieran tener.

De acuerdo con la Alianza por la Responsabilidad Social Empresarial en México (AliaRSE), se entiende por RSE al “compromiso consciente y congruente de cumplir íntegramente con la finalidad de la empresa, tanto en lo interno como en lo externo, considerando las expectativas económicas, sociales y ambientales de todos sus participantes, demostrando respeto por la gente, los valores éticos, la comunidad y el medio ambiente, contribuyendo así a la construcción del bien común”[1].

Ello nos deja entrever que el papel de las empresas tiene cualidad ciudadana, toda vez que debe velar por sus intereses (generar riqueza) y por los intereses de los públicos con los que se relaciona, comenzando por sus socios, trabajadores, proveedores, clientes, y externamente con la población, asociaciones civiles y autoridades; buscando finalmente un punto de equilibrio que genere el bien común, pues es claro que no siempre se puede cumplir en su totalidad con las necesidades y expectativas de todos. Al respecto, Juan Felipe Cajiga nos explica en su texto El Concepto de Responsabilidad Social Empresarial del Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI), que las empresas tienen el deber de analizar el entorno en el que han establecido sus operaciones para conocer las necesidades y expectativas particulares, pues éstas variarán de acuerdo al lugar y medio en el que se desarrollan, y de esta forma seleccionar aquellas que puedan atender de acuerdo a sus recursos.

La responsabilidad social empresarial es el compromiso de las empresas (valga la redundancia) por hacer frente a los impactos que genera, concentrándose en maximizar los positivos y disminuir o resarcir los negativos. Es la consciencia de que forma parte de una sociedad, aun cuando se traten de empresas trasnacionales, y que existe un compromiso mutuo con la población para hacer que su comunidad pueda brindar una mejor calidad de vida para todos, en el presente y en el futuro.

El CEMEFI deja en claro los principios  universales de la responsabilidad social empresarial entre los que encontramos el empleo digno, comenzando desde dar las condiciones óptimas a los trabajadores para que éstos puedan desempeñarse de la mejor forma evitando en la medida de lo posible los riesgos y accidentes de trabajo; la solidaridad hacia sus diversos públicos, incluyendo a las familias que sufrieron el peso de los desastres naturales en la comunidad; la corresponsabilidad, como en aquellos momentos en los que se utiliza el patrimonio natural y cultural como materia prima para sus operaciones, pero que también debe ser cuidado por los mismos ciudadanos; la prevención de negocios ilícitos, estrechamente ligado con la ética en la forma de hacer negocios, respetando el marco de lo legal que vigilan las autoridades; el desarrollo social en aquellos programas de las empresas para desarrollar el potencial del factor humano; entre otros.

Las acciones de RSE son diversas y voluntarias, no existe ley que obligue a las empresas a involucrar dichas acciones en su quehacer diario, sin embargo, existen incentivos para que éstas las implementen. Además, la comunicación de dichas acciones es de suma importancia para que las empresas demuestren ante sus públicos la responsabilidad que están tomando y sustentar la base de sus acciones en la confianza. Las buenas prácticas deben ser formalizadas a través de políticas, estrategias y programas que permitan su permanencia frente a adversidades, además de ser constantes y no únicamente espontáneas, esperado algún acontecimiento como los terremotos para poder llevarlas a cabo.

En conclusión, las empresas sí deben trabajar en conjunto con la comunidad en la que se encuentran y hacer frente a las adversidades en la medida que sus recursos se lo permitan, deben ganarse la confianza de sus públicos internos y externos, normalizar las buenas prácticas de la responsabilidad social, pues al día de hoy éstas generan un valor agregado que incrementa la competitividad de los negocios, el día de mañana será algo indispensable y demandado por el entorno.

[1] Cajiga, J. (S.f.). El Concepto de Responsabilidad Social Empresarial. CEMEFI: México

 

Opt In Image
Suscríbete a OaxacaNuestro
Y únete a más de 3,000 #OaxacaLovers

Te enviaremos semanalmente un resumen con los artículos destacados, las mejores promociones y los listados más recientes que agreguemos al sitio.

Lo mejor de todo, ¡es gratis!

Deja una Respuesta