Por: Mtro. Juan Antonio Gómez Cárdenas.

 

El Turismo es una actividad que nació espontáneamente, fue creciendo de una manera fortuita, transformándose desde sus orígenes y continúa cambiando hasta nuestros días.

 

Nomadismo y sedentarismo son dos “conductas” diversas y antagónicas. Nosotros, herederos de ambos, somos sedentarios, pero llevamos en un subconsciente profundo el recuerdo oscuro de una etapa de la humanidad que duró milenios: la etapa nómada, móvil, de aventura y de temor; pero de íntima comunión con la naturaleza. El hombre se ha encontrado siempre en su lento camino con el “demonio del viaje” y éste le ha poseído. Es probable que, en muchas ocasiones, la razón del “ser” se haya visto confirmada por una base cartesiana: “Viajo, luego existo”

En la Edad Media se destaca por sus célebres viajes el veneciano Marco Polo (1254-1323 d .C. ), quien llegó a convertirse en una figura legendaria muy comentada aun en nuestros días. Él, con su familia encontró una ruta alterna por tierra hacia China; sorprendió en su época con el libro de viajes que escribió, el cual narra los lugares y sucesos que les acontecieron, provocando con ello la inquietante curiosidad y necesidad de ir más allá de las tierras conocidas. Es decir, Marco Polo se convierte a través de la literatura en el primer promotor turístico y de viajes en la historia.

 

Cuando Cristóbal Colón descubre América pensando haber encontrado una ruta efectiva hacia las Indias, jamás imagino la inmensidad del territorio que el nuevo mundo albergaba, con seres humanos tan diferentes a los del viejo continente en usos, costumbres y creencias; especies silvestres y frutos que con sus sabores crearon nuevas oportunidades gastronómicas. Su “Diario de viaje y cartas de relación” hace referencia a creencias que parecen inimaginables en nuestros tiempos, sobre todo en la idea sostenida de que nuestro planeta era plano. En sus cuatro viajes oficiales da testimonio de los “indios” y de la diversidad y multiculturalidad que el “nuevo mundo” disponía para los europeos en la inquietud imparable de navegar, aventurar, descubrir y amasar fortuna.

Fernando de Magallanes, Américo Vespucio, Juan Sebastián Elcano, Juan de la Cosa, Vasco da Gama, Alonso de Ojeda y Bartolomé Díaz son solo algunos de los nombres más reconocidos de esos primeros viajeros intrépidos con un espíritu aventurero, que inspiraron a los más grandes escritores de todos los tiempos en la literatura universal, Emilio Salgari, Julio Verne, Robert Louis Stevenson, Herman Melville, Jack London, Joseph Conrad, Daniel Defoe, Washington Irving entre otros; quienes a través de sus letras nos transportaron a tierras lejanas, mágicas, llenas de aventura y acción.

 

En México, Bernal Díaz del Castillo fue narrando en cada uno de los puntos y referencias de la ruta del conquistador español, Hernán Cortés, quien aspiraba a llegar a la Gran Tenochtitlan. La “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, cuya redacción empezó 30 años después de los eventos y con más de 84 años de edad; fue revisada y expandida en respuesta a la publicación del capellán de Cortés (Francisco López de Gómara) y hoy constituye una fascinante ruta literaria en México para ese turismo cultural especializado en el México antiguo.

 

No se considera necesario adentrarnos más en datos que la historia cita, por lo que sólo mencionaré que el fastuoso modo de vida de las cortes y los atractivos propios de las grandes ciudades fueron otros de los muchos motivos que originaron el que considerables núcleos humanos se dirigieran a tales lugares, no fue sino hasta el siglo XVII, cuando empezó a incrementarse el número de quienes visitaban los centros culturales y las grandes poblaciones, originando un sensible movimiento migratorio entre los diferentes países de Europa; estos grupos llegaron a ser de tal consideración, sobre todo en Francia, que el señor De Saint Morice publicó, en el año de 1672 la “guía fiel de los extranjeros en viaje por Francia” (la genuina antecesora de la Guía Michelin). En esta primera guía se dieron a conocer los caminos, los sitios de interés y las modalidades sobre el lenguaje. También describió los atractivos y lugares de diversión en los alrededores de París, llegando a constituir ambos recorridos lo que él denominó: le grand et le petit tour.

 

En el siglo XVIII se usaba en Inglaterra la frase de origen francés. Faire le grand tour, para referirse a los jóvenes que complementaban su educación, cultura y se aventuraban a realizar un largo viaje por diferentes países europeos. Existe, pues, una nostalgia de la época azul del turismo en la que solo viajaban los pertenecientes a las clases elevadas de la sociedad. Esta nostalgia es en consecuencia, una inadaptación al tiempo nuevo.

La generación perdida es el nombre que recibió un grupo de notables escritores estadounidenses que vivieron en París y en otras ciudades europeas en el periodo que va desde el final de la Primera Guerra Mundial en 1918, hasta la Gran Depresión en el año 1929, que hoy inspiran a lectores de todo el orbe a seguir los pasos de cada uno de ellos, destacándose sin duda alguna Ernest Hemingway, ya que cada una de sus novelas representa un momento en su existencia, que nos transporta por diversos países de Europa, África y el Caribe. Hay quién asegura que es más fascinante indagar en su biografía y entender el porqué de cada una de sus novelas, como ejemplo: “Adiós a la armas”, “Muerte en la tarde”, “Por quién doblan las campanas”, “Las verdes colinas de África”, “Las nieves del Kilimanjaro” y “El viejo y el mar” con la que obtiene el premio nobel de literatura.

 

En este grupo de la generación perdida se incluye a figuras como John Dos Passos, Ezra Pound, Erskine Caldwell, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Sherwood Anderson y Francis Scott Fitzgerald. Durante una conversación cotidiana, Gertrude Stein, amiga íntima de Hemingway, le dice: “You’re all a Lost Generation”. Esta expresión fue popularizada por Ernest Hemingway en sus obras “Fiesta” y “París era una fiesta”.

Un caso relevante en nuestros tiempos fue el bestseller mundial de “El Código Da Vinci” de Dan Brown, novela que inspiró a millones de turistas a recorrer las calles de Paris en busca de los espacios y monumentos que la novela describe en su trama a través de la línea roseta y en la cual Robert Langdon (el protagonista) va descubriendo calle por calle; igual ocurre con sus obras “Ángeles y Demonios” e “Inferno” en las que Roma y Florencia son los escenarios de la trama. Posicionando el término de “turismo literario” como un fenómeno actual.

Oaxaca ha sido y es, sin duda alguna, la inspiración para escritores de otras latitudes que fueron seducidos por los diversos escenarios que la tierra del sol nos ha heredado, Malcolm Lowry con su “Oscuro como la tumba sobre la que yace mi amigo” destaca en la literatura contemporánea. Además de Lowry, están presentes las letras de D.H. Lawrence, Aldous Huxley, Graham Greene, Charles Brasseur, y el Baron Alexander Von Humbolt del cual hay una calle con ese nombre en la capital oaxaqueña y que a decir verdad su legado fue científico en estas tierras que vino a conocer. En los años recientes Peter Kupper publica “Diario de Oaxaca”, sí, el caricaturista de “spy vs spy” en la revista “gringa” de Mad, narra los sucesos que le acontecen durante el conflicto político-magisterial del 2006, describiendo los ambientes culturales de la capital oaxaqueña y sus valles centrales; es decir la visión de los extranjeros en nuestro estado.

En los primeros años de la colonia en Oaxaca Fray Francisco de Burgoa, provincial de San Hipólito y Oaxaca, aparte de buen conocedor del mixteco y el zapoteco; nos dejó un legado intelectual y etnográfico de primer orden, cuyos méritos incrementan la herencia de su orden en la región. Lo mismo con José Antonio Gay y su “Historia de Oaxaca”. Manuel Toussaint describe a la capital de Oaxaca con sus costumbres y tradiciones de la Antigua Antequera como ningún otro enamorado de la arquitectura colonial en su obra “Oaxaca y Taxco”. Ya en el presente la escritora Guadalupe Loaeza publica “Oaxaca de mis amores” en la que la celebre escritora hace un comparativo de la ciudad de Oaxaca con la ciudad Luz, y a través de sus páginas describe la esencia del oaxaqueño, su historia y el testimonio de su calidad de vida, llena de orgullo de un pasado histórico que fue templado con el esfuerzo de hombres de otros tiempos como Díaz, Juárez, Tamayo, los anarquistas hermanos Flores Magón (Jesús, Enrique y Ricardo), y José Vasconcelos que aparte de forjar la vida académica de México y de su vida política fue un consumado escritor.

 

En el frontispicio del Archivo del Senado norteamericano con grandes letras figura la inscripción “The Past is the Future”. Sólo hay que saber leer atentamente los legajos de ese pretérito y de este presente que se nos va de las manos, para observar las tendencias válidas que, aunque tímidas hoy, tienen fuerza de futuro y lo conformarán en el porvenir.

Para el negocio editorial aplicado al turismo, las perspectivas, si prestamos atención, son muy favorables.

 

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