Por: Rómulo Jiménez Celaya / Cronista de la Ciudad de Tehuantepec

Tehuantepec Oaxaca es uno de los pueblos más antiguos y cuna de la cultura zapoteca del Istmo. Su historia está plagada de actos heroicos que nos enorgullecen, pero también, de acontecimientos que nos mueven a la tristeza. Tehuantepec es esa mezcla de dolor-amor-orgullo. Tierra amada en donde el fuego que reverbera ha forjado nuestra idiosincrasia de hombres fuertes y nobles y de mujeres que se sienten orgullosas de su estirpe. Mujeres “bravas como el sol que nos alumbra”.

La historia de Tehuantepec se ha ido escribiendo a la par con la historia nacional, es decir, Tehuantepec ha pasado lista de presente en las etapas más importantes de ese México convulsionado por guerras intestinas y de intervenciones extranjeras, por citar algunas: partiendo desde la época prehispánica, pasando por la Conquista de México por los españoles (1519 – 1521); extendiéndose por el Virreinato (1521 – 1821); la Independencia de México (1810 – 1821); el Primer Imperio Mexicano (1821 – 1823); la Intervención Norteamericana de 1846 – 1848; la Guerra de Reforma o la Guerra de los Tres Años (17 de diciembre de 1857 – 1 de enero de 1861); la Segunda Intervención francesa de 1862 a 1867 y el Segundo Imperio (1863 – 1867); la Restauración de la República (1867), llegando a abarcar la Dictadura Porfiriana (28 de noviembre1876 al 25 de mayo de 1911); y la Revolución Mexicana (1910 – 1920).

Por la importancia social-política-económica que posee desde la época prehispánica, hoy en día Tehuantepec es considerada la capital cultural del Istmo. A esta legendaria tierra, a lo largo de su historia, la han visitado hombres de gran valía y de esforzados pechos, hombres que dejaron – ya sea bueno o malo – testimonio de su paso por esta tierra angosta. Recordamos al propio Hernán Cortés; Fray Toribio de Benavente más conocido como Motolinía;  Juan Torres Castillo con su “Descripción de Tehuantepec” de 1580; Cristóbal Manso de Contreras y la “Rebelión de Tehuantepec” de 1660; Fray Juan de Córdova (Vocabulario castellano-zapoteco – 1578); Fray Francisco de Burgoa y sus obras: “Palestra Historial” (1670) y “Geográfica Descripción” (1674), quien ha sido un punto de referencia obligatorio de historiadores como José Antonio Gay (“Historia de Oaxaca” – 1881), Manuel Martínez Gracida (“El rey Cosijoeza y su familia” – 1888) y otros más. De igual manera, en su momento estuvieron en Tehuantepec hombres como la talla de Mariano Matamoros (1813); el Lic. Benito Juárez García; el Soldado de la Patria, Don Porfirio Díaz Mori; Charles Etienne Brasseur (“Viaje por el Istmo de Tehuantepec”, 1859 – 1860); Diego Rivera y Miguel Covarrubias (“Al Sur de México”, “México South: The Isthmus of Tehuantepec” – 1946).

Fotografía: Luis Ángel Quiroga Lalo

En cierta ocasión un visitante me dijo que deseaba conocer a la ciudad de Tehuantepec Oaxaca en su idiosincrasia, en su música, en su danza, en su vestimenta y en su gastronomía, pero que esto no iba a ser posible debido a su corta estadía en esta ciudad. Recuerdo que le sugerí que asistiera a las mayordomías ya sean Patronales, Titulares y las Velas que se realizan en Tehuantepec; y lo hice con el conocimiento de que los tehuanos tienen para cada momento de la vida, desde que nacen hasta que mueren,  su música, su danza, su vestimenta y su gastronomía.

En esta oportunidad y con motivo del CLXIV aniversario de nuestro himno inmortal “La Sandunga”, que tehuanizara Máximo Ramón Ortiz (1853) y a sesenta y cuatro años de haberse instituido la Grandiosa Vela Sandunga, la cual se celebra en el último sábado de mayo, me motiva a comentarles sobre el origen de las Velas en Tehuantepec.

Don Miguel Ríos Villalobos nos proporciona datos sobre las Velas más importantes  y de mayor elegancia en el último cuarto del siglo XIX y principios del siglo XX en Tehuantepec. Nos entrega también una descripción del cómo se realizaba la Vela Fragua del barrio San Sebastián y de la anécdota del guerrillero Máximo Ramón Ortiz cuando éste, estando alzado en contra del gobierno,  tuvo el atrevimiento de asistir a la Vela Fragua y cantar algunos de sus versos acomodados en “La Sandunga”.

“La descripción de estas velas es digna de una pluma toda exquisitez y finura para detallar la sublimidad de sus rasgos; más yo prefiero hechos históricos y si distinguimos para su relato la FRAGUA como una de las más sobresalientes, contemplaríamos desde lejos en el día de su celebración, un esbelto domo con un diámetro mayor de veinticinco metros, revestido en su exterior de lona blanca y en su interior encerrando un amplio salón defendido por un círculo concéntrico que da lugar a una corona para el acomodamiento de las familias invitadas.

Fotografía: Luis Ángel Quiroga Lalo

Se cubre el cielo de raso y en la cúpula cuelgan del piñón de la armadura una hermosa araña que sostiene como veinte quinqués; de cada espacio, como huso de la semiesfera, se cuelgan lujosas cortinas de seda y telas de oro y al centro una brillante lámpara que irradia su luz sobre los espejos que ocultan el armazón y que descansan sobre mesitas de partir, reflejando primorosos jarrones de porcelana de Sevres con espesos bouquets de nítidas azucenas que perfuman el ambiente. La construcción de la bóveda fue ideada por el inolvidable y experto carpintero, Jervas Jefferis, inigualable norteamericano que tuvo bastante cariño a Tehuantepec y a quien se le deben tantos conocimientos y beneficios.

La bóveda queda iluminada a qiorno y el salón con su alfombra tapizada de brillantes lentejuelas de oro queda convertido en un indecible salón encantado de “Las Mil y Una Noches”. A los lados de la entrada se improvisan kioscos donde se instalan dos bandas de música que deleitarán al pueblo con sus dulces y alegres melodías, superando siempre la filarmónica que dirigía el memorable maestro Leonides Villalobos a quien por separado dedico un ligero esbozo.

A las veinte horas se anuncian desde sus casas la salida de numerosas parejas con cohetones que al estallar en el espacio derramaban su lluvia de luces policromadas. La vista se extasiaba y el corazón se conmueve de placer al contemplar el desfile con todo donaire de las bellas y garbosas tehuanas que van a ocupar sus asientos. Su traje típico, que admiran nacionales y extranjeros, no puede ser más reluciente; desde la enagua de gro ingles bordada de oro, y huipil grande de seda y encaje orlado de flecos de gusanillos trenzados de oro; la guirnalda de azahares que adornan la cabellera entretejida de anchos listones de seda y por su airoso cuello “la pendiente de cuentas de oro” en la que cuelgan monedas norteamericanas de diez dollars y rematando con una filigrana “María” cuajada de irisadas y finas perlas.

La vela principia como obertura de reglamento con un sonecito llamado JARABE que de honor se concede y lo baila el pueblo humilde; enseguida se suceden por orden riguroso las piezas de baile: vals, mazurcas, etc., para los caballeros.

Como a medianoche se anuncia por un registro de cornetín, la afamada Sandunga y entre gritos de entusiasmo el pueblo invade el salón e invitan respetuosamente a su pareja a bailar.”

 Los estudiosos del tema coinciden en que las Velas tienen su origen en la desvelada o a las prolongadas vigilias que se realizaban cuando se llevaba a cabo la “Labrada de cera”. Otros señalan que el nombre de Vela, proviene de los enormes envelados de los salones de baile de Tehuantepec de principios del siglo XX, los cuales estaban muy afrancesados y que mucho tuvo que ver la influencia de doña Juana C. Romero.

Fotografía: Luis Ángel Quiroga Lalo

Macario Matus nos afirma que el origen de las Velas es prehispánico, pues nos dice que encuentra datos importantes en la obra de Fray Diego Durán al cual cita: “Celebraban la avenida del agua (ATEMOZTLI), el descendimiento del agua del cielo, se ofrecían comidas particulares de unos tamales de masa y legumbres, se flagelaban en honor del dios de la lluvia. Había [en] este día (en diciembre según el calendario actual) riguroso mandato de no dormir toda esta noche, sino todos en vela en el patio del templo, esperando la venida del agua. Llamaban a esta VELA IZTOZOZTLI que quiere decir estar en vela o alerta. Así estaban todos, así indios como indias, en el templo, en vela, con lumbradas para resistir el frío…”

Las Velas en Tehuantepec tienen su gran esplendor entre los años de 1883 y 1909, en donde también proliferaron las bandas y los grandes maestros. Recordamos a las bandas de reconocidos músicos como la de Andrés Gutiérrez (Ndré saa), la de Leonides Villalobos y la banda del maestro Amado Chiñas. Fue tal el prestigio que adquirió Tehuantepec en estos años, que se le llegó a conocer como la gran escuela de música, y esto fue como consecuencia de las giras musicales de las bandas en los diferentes pueblos. En algunas ocasiones los músicos tehuanos eran invitados para quedarse en los pueblos y prestar sus servicios como maestros de música, o bien, los padres mandaban a sus hijos a Tehuantepec para que recibieran dicha formación música. En la casa del maestro era en donde se impartían las clases particulares (Escoletas).

Algunas Velas nacieron bajo la influencia de nuestra gentilidad, del totemismo, la veneración a la naturaleza aparentemente erradicada por la conquista espiritual. Recordamos a las Velas del barrio San Jerónimo, en donde existieron cuatro: Tubi (Uno – 23 de septiembre), Chupa (Dos – 25 de septiembre) Chona (Tres – 27 de septiembre) y Tapa (Cuatro – 29 de septiembre), la tercera y la cuarta tenían nombre: la Vela Begua (Guacamaya) y la Vela Bisía (Águila) y entre estas dos existió una gran rivalidad. San Blas Atempa tenía la Vela Yuse (Toro), la Vela Migu (Chango), la Vela Conejo y la Vela Moreno, entre otros. El barrio Jalisco tiene a la Vela Paloma y la Vela Biaza. El barrio de Santa María Reoloteca (Yolotltecalt) tenía la Vela Guiedana (de rancheros), la Vela Churini, Galardón, la Biáa y la Vela Ladxi (sementera o milpa), que se celebraban los días: 9, 11, 12, 13 y 14 de agosto. El Dr. Alberto Cajigas Langner nos comenta que para la década de los sesenta, en este barrio ya existían las Velas Estrella del Norte y Filocalia del Sur.

Recordamos a la Vela Fragua (de herreros y artesanos) y la Vela Binni (de gente acomodada) del barrio San Sebastián; la Vela Roo (Grande), la Vela Víspera, la de los Jergueros y de las Parteras del barrio Laborío; la Vela San Juan (23 de junio) y la del 29 de agosto del barrio Guichivere; la Vela Gardenia (1947 -1982) del barrio Portillo de San Antonio.

Fotografía: Luis Ángel Quiroga Lalo

La Vela Sandunga, (último sábado de mayo) la máxima expresión de nuestras Velas, iniciada en 1953 en el marco del centenario de la Sandunga. En diciembre tenemos dos Velas: la Vela Tehuantepec o más conocida como la velita (26 de diciembre) y la Vela Didxaza (29 de diciembre).

Las Velas comienzan a las ocho de la noche y dan inicio con el Jarabe Tehuano. El lugar de la celebración está adornado con grandes envelados, frisos, cortinas, espejos, flores como el jazmín. Dos grupos de musicales se alternan para acomodar el buen ambiente; Las mujeres ataviadas con el traje de gala de la mujer tehuana y los hombres con su pantalón oscuro y camisa blanca de manga larga, bailan a la media noche la Sandunga, y la celebración se extiende hasta la madrugada o como dijera el dicho bien dicho: ¡hasta que el cuerpo aguante!

Fuente:

Miguel Ríos Villalobos

Historia, Tradición y Leyenda (1948)

Dr. Samuel Villalobos

A propósito de nuestras Velas

Revista Guiengola. Núm.3: nov-1958

Dr. Alberto Cajigas Langner

Las Velas de Tehuantepec

El folklor musical del Istmo de Tehuantepec (1961)

Nicolás Vichido Rito

Diversos aspectos de una mayordomía y una Vela tradicional en el Istmo.

Tehuantepec, un siglo de fe (1891 – 1991) 2.- Fiestas y Mayordomías en Tehuantepec.

 

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