Mtro. Juan Antonio Gómez Cárdenas / gomcard@yahoo.com

 

Todo proyecto implica una comunidad por construir y esa debe ser la mayor habilidad de un profesor en el territorio que le toca servir: sumar voluntades, recursos éticos, estéticos, afectivos, públicos, privados, asociativos, tradicionales, costumbristas e innovadores.

 

Lo que nos une por la identidad es el principio básico de este diálogo, por eso, un diagnóstico para un proyecto no debe partir de la carencia o de la falta de elementos, sino de aquellos que son materiales e inmateriales y cuentan con canales de difusión físicos o virtuales donde las personas participan activamente y pueden desplegar su identidad, sin perder respeto por los demás.

 

Por medio de la lectura, se adquieren conocimientos, estamos informados día a día, siendo esta una de sus principales funciones; pero también leemos con fines recreativos, de entretenimiento, para ejercitar la memoria y sorprendernos por medio de la palabra escrita; logrando con ello en un primer momento que la lectura sea un acto disfrutable.

 

Con el objetivo de poner en manos de la sociedad una nueva generación de lectores, de esos millenials y boomlets, quienes sobreviven en este preciso presente y no en un futuro como suele pasar al hablar de la tecnología, sobre ese entorno digital con realidades aumentadas y virtuales, con influencers que destrozan la capacidad de la imaginación de jóvenes y niños. Queda comprendido que la adquisición de un nivel adecuado de competencia lectora, se encuentra directamente relacionada con la mejora del aprendizaje escolar, por lo cual es necesario que los niños tengan un contacto permanente con los textos, asimismo el proceso de elaborar el significado para aprender las ideas relevantes, relacionándolas con los aprendizajes, qué es la base fundamental en el pensamiento analítico y crítico.

La tarea de enseñar a leer y escribir, trasciende metodologías y estrategias alfabéticas, las escuelas enfrentan hoy el desafío de incorporar a los alumnos a la cultura de lo escrito, y más allá de todo sobre esfuerzo a motivarlos a escribir, todo aquello que sienten, piensan, ven, oyen, tocan, prueban y juegan.

 

Los hábitos son conductas arraigadas que se manifiestan de forma inconsciente en el día a día, y que se han adquirido a través del tiempo a base de la constante repetición, divididos en buenos y malos. Por lo tanto, los esfuerzos de formación para este caso del hábito de la lectura, no solo dependen de los profesores en la escuela, sino de los padres de forma más directa y responsable, cambiando estilos de vida, sabiendo de antemano que es algo necesario pero que casi nadie sabe cómo hacerlo ni por dónde empezar.

 

¿Cómo podemos lograr arraigar este hábito en nuestros niños y jóvenes? Previniendo de manera consciente y permanente el rechazo a la lectura, basados sobre todo en aspectos conductuales y psicológicos, contextuales en su entorno familiar, identificando emociones mal canalizadas, o condicionamientos erróneos adquiridos en su entorno social, y en los medios masivos de comunicación, una gran contradicción del Consejo de la Comunicación al leerle veinte minutos al día a nuestros hijos, si al final pretenden ser Aurelio Casillas, Mónica Robles, el Chema Venegas, la Reyna del Sur y otros tantos modelos de conducta que las  televisoras se han empeñado en consolidar.

 

Reflexionemos: Simplemente retomo los valores que ha distinguido al organismo en mención de forma íntegra, lo hecho en México está bien hecho, porque México es uno y uno es México, adopta un árbol, ponga la basura en su lugar, hay que tratar bien al turista, lee veinte minutos al día a tus hijos, no te calles alza la voz, honestamente lo necesitamos.

 

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