Fotografía: TuriMexico

Por: Vázquez Villalobos

Como parte de mi labor a lo largo de muchos años en el sector turístico de Oaxaca, con frecuencia me encuentro reflexionando respecto al museo “Ervin Frissell”, ubicado en el Pueblo Mágico de San Pablo Villa de Mitla, y cuyas puertas han permanecido cerradas por prácticamente veinte años. Tales reflexiones suelen ser en el sentido de la necesidad, como un compromiso que tenemos la obligación de asumir, de la reactivación de este museo para la difusión del enorme legado cultural y étnico de Oaxaca entre las nuevas generaciones.

Ubicado en un inmueble del siglo XVIII —donde se ubicaba la llamada casa consistorial— que luego fue reformado, el museo Frissell, como generalmente se le conoce, es un espacio histórico en más de un sentido, pues no sólo ha albergado una vasta colección arqueológica de extraordinario valor, sino que además posee ya una historia propia que ha ido escribiéndose a través del tiempo.

Este museo constituyó un sitio único de afirmación de la identidad zapoteca y oaxaqueña, desde su creación hace 65 años por el norteamericano Ervin Robert Frissell, en colaboración con la entonces Junta Cultural Zapoteca, A.C., y el arqueólogo Howard Leigh. Constituida por un acervo de más de 40 mil piezas arqueológicas —casi 15 mil urnas funerarias, distintos tipos de vasijas, cucharas, sahumerios, braseros, puntas de flecha, adornos de obsidiana, piedras labradas, artesanías de concha, pertenecientes a las culturas mixteca, zapoteca del norte, de la Sierra Sur, de la Costa—, la colección, una de las mayores en su tipo no sólo del país sino del mundo, y considerada entre las diez más importantes, abarca desde el año 500 a.C. hasta 1,500 d.C.

Todas estas piezas brindan un panorama general de la evolución del arte zapoteca y mixteca; las varias salas del museo fueron uno de los mejores espacios para la divulgación del legado de las antiguas culturas de Oaxaca. Además de albergar la colección arqueológica, el museo fue el centro neurálgico de actividades culturales para los habitantes de la localidad, no sólo proveyendo empleo para varios de ellos, sino particularmente brindándoles oportunidades de impulso a la creación artística, en la cual destacaron Rodolfo Moreno y Rubén Méndez. El Frisell fomentó el desarrollo de la artesanía textil de lana en telares de madera, construyendo telares de pedal y contratando tejedores del barrio de Jalatlaco y de Santa Cruz Xoxocotlán para que enseñaran a los pobladores la técnica del tejido.

Muchos años antes de la creación del museo, en la casa consistorial funcionó un hostal y restaurante conocido como “La sorpresa”, que daba hospedaje a comerciantes y viajeros. cuando el Frissell abrió sus puertas, en 1952, el primer guía y administrador del museo fue Darío Quero, descendiente de Félix Quero, antiguo dueño de la casa. En “La sorpresa”, que siguió prestando sus servicios, se hospedaban turistas, así como arqueólogos, antropólogos y otros investigadores interesados en Mitla —como el famoso paleo-antropólogo Kent Vaughn Flannery— y sus ingresos se destinaban al propio museo.

Sin embargo, aproximadamente en 1994, la Universidad de las Américas, que tenía a su cargo la custodia y administración, cerró el museo. Desde entonces, luego de un largo período de inactividad, el inmueble pasó por un proceso de reconstrucción, remodelación y rehabilitación de sus áreas, recuperando además su traza original, como parte de un proyecto —impulsado por ciudadanos organizados y autoridades de Mitla, y llevado a cabo por el Instituto del Patrimonio Cultural de Oaxaca, INPAC—, que consta de siete etapas, cinco de las cuales ya han sido terminadas. Actualmente, el museo pertenece al gobierno del estado, y es administrado por la Secretaría de Cultura. No obstante, por cuestiones de diversa índole, no ha podido reiniciar operaciones.

Personalmente, el museo Frissell representa para mí una de las mejores experiencias en mi interés de acercarme a las culturas fundadoras de Oaxaca. Tuve oportunidad de visitarlo varias veces, y además de los aspectos puramente arqueológicos y antropológicos, la belleza de la casona y la atención de quienes ofrecían los servicios resultaba enormemente enriquecedora. Pero evidentemente el valor de su acervo, y su potencial en los ámbitos cultural y turístico es lo que determina la urgencia de la reactivación.

Todos aquellos que de una u otra manera estamos involucrados con el museo, debemos iniciar, aprovechando la apertura y disposición del maestro Alejandro Murat, acciones de conciliación y coordinación, con la participación de la sociedad civil, autoridades municipales, e instancias como la Secretaría de Turismo, la Secretaría de Cultura, el propio INPAC, y por supuesto el Instituto de Antropología e Historia, para reabrir el museo de modo inmediato.

El presidente municipal de Mitla, Abelardo Ruiz Acevedo, me ha expresado su gran interés en ello, y la visita del Gobernador del Estado y del Secretario de Turismo federal el día de hoy a Mitla, así como la presencia de ambos en el museo Frisell como parte de su agenda en los Valles Centrales, brindan una excelente oportunidad para conjuntar esfuerzos, realizar propuestas fundamentadas, y plantear compromisos que pueden apoyarse en programas federales como PRODERMÁGICO, aprovechando el nombramiento de Pueblo Mágico que ostenta San Pablo Villa de Mitla.

Al contrario de lo que dice el tango, veinte años son demasiados, particularmente en un tema como éste. No podemos permitirnos un museo Frissell cerrado por más tiempo. Su aporte a la vida cultural, social y turística no sólo de Mitla sino del estado es innegable, y su potencial para fortalecer la oferta de turismo de los Valles Centrales, al igual que la enorme riqueza de su colección, no debe permanecer ya contenido detrás de puertas cerradas.

vazquez.villalobos@outlook.com

 

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