Fotografía: Real Politik

Por: Redacción

Ya llegaron las chinas con sus canastas, sus faldas multicolores, las marmotas y los monos de calenda.

Artista, creador y escultor, son solo algunos de los adjetivos que sirven para describir al hombre que con carrizos, telas multicolores y mucha imaginación, conquista miradas y arranca sonrisas a quienes se deleitan con el baile de los tradicionales monos de calenda.

Su orgullo y su pasión llevaron a José Azcona y Juárez a convertirse en uno de los artistas más representativos de la Ciudad de Oaxaca, con hábiles manos y paciencia infinita, durante treinta años Don José ha dado vida a cientos de personajes que se han presentado en mayordomías, museos, bodas, calendas y la Guelaguetza

En medio de su taller, ubicado en la Calzada Héroes de Chapultepec, con ayuda de su máquina Singer, carrizo, periódico y engrudo Don José fabrica hombres y mujeres de peculiar ombligo. El oficio de monero, dice, no le fue heredado, aprendió por necesidad y por orgullo.

Todo inició en una calenda de San Agustín, cuando después de tres horas de pedir que alguien le prestara un mono para bailar, nadie le hizo caso, “no me dijeron que no, pero no me dijeron a que hora iban a prestármelos” recuerda. Molesto por no haber podido bailar, Don José prometió que nunca más volvería a pedir un mono de calenda; así que optó por comenzar a fabricarlos, no fue fácil, nadie nace sabiendo y como todo arte, el dominio de la técnica requiere práctica, pasión y paciencia.

Al principio, los monos de calenda que fabricaba tenían formas distintas a las que hoy maneja; con el paso del tiempo, los ha ido perfeccionando de tal manera que las proporciones permiten un mejor manejo para quienes los bailan. Don José recuerda que la primera muñeca que tuvo en exhibición portaba un cartel con la frase “Hola, te amo”, alguien la fotografío y un día apareció en el periódico con un texto que decía: “elocuente mensaje”, sin hacer alusión a la muñeca. Así que decidió comenzar a tomar fotografías de sus trabajos, y sin pensarlo retrató los dos árboles que comenzaban a crecer afuera de su local, los cuales dan testimonio del paso del tiempo y de los años que lleva dedicándose a ser monero.

Todo inicia con la selección del carrizo, el cual debe ser verde pero macizo y flexible para poder hacer los círculos que sirven para formar el cuerpo de los monos, el cual se amarra con hilo de cuetero, ya que no se desliza y mantiene unida la estructura; después se forra con papel periódico y engrudo, hasta formar doce o quince capas y se seca al sol. Un mono puede tardar entre dos y tres días en secarse completamente. En tanto, la cabeza se fabrica utilizando globos que se forran, al igual que el cuerpo, con periódico y engrudo.

Mientras los monos se secan, Don José aprovecha para confeccionar la ropa, con la ayuda de su máquina de coser Singer, fabrica toda la indumentaria que acompaña a sus creaciones, brazos, faldas, blusas, camisas, etc. Crear un mono de calenda puede tomar entre quince o veinte días. Dependiendo del secado y de la composición de cada objeto, ya que, de acuerdo con Don José, a veces construir la cabeza puede terminar en intentos fallidos que retrasan el trabajo. Así que la paciencia es la primera característica que debe tener cualquier monero.

Ser monero, dice Don José, le ha permitido conocer a muchas personas y contribuir a llevar un poco de alegría a niños y adultos. Está convencido de que los monos y el gusto que, particularmente los niños, tienen por ellos, ayuda a que los pequeños conozcan más sobre sus costumbres y tradiciones. Por ello se dedica a enseñar el oficio a cualquiera que se acerque a su local, en un afán de contribuir a mantener viva esta práctica, cuyo origen se remonta a la época colonial. Y que hoy se encuentra presente a la par que se transforma con el paso del tiempo y los cambios que se suscitan en el país y la entidad; entre sus piezas se encuentran monos que evocan a Salinas de Gortari, Vicente Fox, Andrés Manuel López Obrador, Vicente Fernández, Cuahutemoc Cárdenas, entre otros.

Sin embargo, una de sus creaciones que recuerda con más cariño es un Cantinflas, el cual obsequió a un pequeño que padecía una grave enfermedad.

“Recuerdo que el niño ya estaba internado en el Seguro Social, y le pedí al personal que me dejaran entrar con el mono de calenda, primero no querían pero después me dieron permiso de pasar un rato. No olvido la cara del pequeño cuando vio el mono, le dije que ese mono era para él, porque le gustaba mucho bailarlo, pero que la condición era que se mejorara para ir a la próxima calenda. Salí de ahí con el mono y afortunadamente el niño se recuperó por completo, me gusta pensar que mi regalo lo motivó”.

Este año Don José fabricó dos monos que bailarán en la Guelaguetza, y como cada que puede asistir a este evento, el orgullo y la satisfacción se hacen presentes en su semblante, ya que considera que el poder participar en la máxima fiesta de los oaxaqueños es un reconocimiento a su oficio, pero sobre todo a las creaciones que día a día realiza en su taller.

Algunos de sus monos están exhibidos de manera permanente en el Museo Nacional de Antropología e Historia y el Museo de Santo Domingo en Oaxaca donde expone una yalalteca y un chirimero.

Ser monero es una forma de vida, Don José no se imagina vivir sin la paciencia que su oficio le ha dejado y mucho menos sin la presencia de sus monos, los cuales le han legado amistades, experiencias y amor por las costumbres y tradiciones de Oaxaca.

Así que ya sabes, si quieres aprender más sobre los monos de calenda o necesitas rentar o comprar un par de ellos, visita el Taller de José Azcona.

 

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