fe labrada en cantera
fe labrada en cantera

Nos conocimos un día sin nombre en medio de una casa antigua del centro, el primer café lo tomamos en los portales, un americano y un espresso. Así, transcurrió nuestra vida, los días se hicieron años y cuando me di cuenta estábamos en una iglesia, mirándonos a los ojos, tomados de las manos, sonriendo… besándonos.

Las iglesias de Oaxaca están llenas de historias, de corazones rotos, de enfermos y juramentos, de promesas, de fe, de necesidades y de almas que buscan consuelo.

Los santos y vírgenes están cargados de milagros, las procesiones de promesas, de mandas, de personas que confían ciegamente en favores que sólo pueden venir del cielo. La fe mueve montañas, engendra milagros, proporciona fuerzas y alimento.

fe labrada en cantera
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Oaxaca es un estado de fe, aquí somos católicos, creyentes, creemos en la Virgen de Juquila, en la Virgen de la Soledad, en la Virgen del Carmen, en el Cristo de los compadres de la iglesia del Marquesado. La fe se vive en Oaxaca, en sus calendas, en esa banda que suena en las misas mientras entonamos “Venimos a tu casa, colmados de alegría…”

La fe se hace presente en las canastas de las Chinas Oaxaqueñas, corazones y cruces desfilan entre flores y estrellas. No tenemos problema con hacer de la fe una fiesta, porque la fe es motivo de fiesta, porque pagar una misa es dar gracias, porque llevar flores a la virgen en mayo es nuestra forma de pedir y agradecer, agradecer la existencia, agradecer el suelo que nos ha sido dado y el cielo despejado que habita sobre nuestras cabezas.

En Oaxaca rezamos el rosario y cantamos, vamos a misa y cantamos, rezamos por los muertos y cantamos, vamos a las procesiones y cantamos, tenemos fe y cantamos.

fe labrada en cantera
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Ateos, agnósticos, cristianos, católicos, todas, todos disfrutamos del sincretismo milenario que habita en esta tierra, disfrutamos de las manifestaciones de fe que se ven en calles e iglesias, aquí los negocios tienen siempre un lugar para un santo, para una virgen, para un rosario que cuelga del cuello o de una pared.

Aquí la magia transmuta y se confunde con un Dios que nunca muere y tiene en Oaxaca su himno, aquí la misa se disfruta con música de banda, con flores ofrecidas en un altar, con cánticos entonados por mujeres que cantan como ángeles benditos a la par que recitan rezos largos y a veces enrevesados a los cuales siempre alcanzamos a contestar “ruega por ella, ruega por él”

En Oaxaca habita un Dios eterno e inmortal al lado de creencias místicas que se transforman en un ramo de albahaca que aleja la mala fe. Oaxaca es tierra de fe y la fe nos mantiene, nos sostiene, nos da cobijo, nos permite creer que en este suelo bendito, hallaremos el motivo, la causa y la razón de una existencia que transita entre la pobreza y el abandono, entre la serranía y las calles del centro.

fe labrada en cantera
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Aquí la fe es cantera labrada, retablos de color dorado y misas largas, la fe es canto, danza y celebración. La fe somos nosotros besándonos en la Catedral prometiéndonos amor eterno e inmortal.

Texto: Elizabeth Pérez Castro

 

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