Recorrer los pueblos de Oaxaca siempre es una aventura y un placer para los sentidos: para la vista los paisajes increíbles, amaneceres, puestas de sol, diversos paisajes; para el olfato, el olor a hierba, a humedad, a maderas; para el sentido del gusto, la comida, la gastronomía, sin duda es una de las mejores cocinas del mundo, y no exagero; para el tacto, las artesanías, la arena, la tierra y la brisa.

Una región que es de mis favoritas, sin duda es la alargada y montañosa Sierra Sur, en ella existe una riqueza invaluable: en fauna, en flora, en su gente amable y transparente, recia, pero de espíritu bueno. Los bosques de pinos altos y bancos de niebla densa, son paisajes que se ven a diario en los recorridos cotidianos y por la noche, las estrellas se pueden admirar sin problema alguno.

 

A dos horas de Miahuatlán de Porfirio Díaz, existe un pueblo lleno de misticismo, resguardado por el santo patrono que, según la religión católica, fue el primer papa en el mundo después de la muerte y resurrección de Jesús: San Pedro. San Pedro Mixtepec, que según sus habitantes zapotecos significa “en el cerro de las nubes” y sí hace honor a su nombre ya que posee el cerro más alto de Oaxaca y undécimo del país: Cerro nube flan (Quie Yelaag) que tiene 3,720 msnm.

En ese pueblo los ancianos son valorados y respetados, se les llaman tíos o tías, la cual es una muestra de educación, los adultos son reservados, desconfiados, pero amables. Al llegar a una casa de visita, el ofrecimiento de una silla o banco para sentarte nunca falta, son buenos anfitriones pero celosos de su gente. Como en todos los pueblos, se conocen entre todos y si alguien pregunta por una persona, a su modo, indagan para saber el motivo de su búsqueda.

 

La actividad principal de este pueblo es la agricultura, el trabajo en el campo nunca termina, ya que por temporadas siembran maíz, frijol y calabaza, también la papa se siembra y cosecha, pero en lugares más altos, ya que la tierra negra que se caracteriza como idónea para este alimento, se ve sólo en lugares fríos.

En las mañanas, muy temprano, el frío es intenso y el simple hecho de lavarte las manos hace que se entuman los huesos por las bajas temperaturas, aún se ven a mujeres, ancianas y algunos hombres ir al molino para comenzar la jornada, algunas “echan tortilla”, “preparan el taco” para los que van al campo; otros hacen tortilla para vender o simplemente para consumo propio.

 

El trigo es otra semilla que se da en esa tierra fría, por lo que el pan y las tortillas también son comunes de encontrar. Se rigen por usos y costumbres, respetan esa forma de gobierno ya que se realiza el proceso como lo dicta su tradición.

 
La noche es pesada, el ambiente es tenso y no hay gente muy tarde por la calle, hablan de malos espíritus y de cosas malas en el ambiente. Hubo la oportunidad de que, en la madrugada, sonaran las campañas de la iglesia, esto es una señal a la cual el pueblo acude al llamado, en esa ocasión fue para avisar que Jaime, el hijo de Don Ángel Méndez había muerto. Las personas se solidarizan y ayudan en lo que se requiera: ir por leña, hacer de comer, preparar el café, rezar el rosario, limpiar la casa o simplemente aportan con su veladora o “parafina” para el difunto.

El basquetbol es el deporte preferido a practicar entre niños, jóvenes, hombres, mujeres y adultos por igual. El uniforme se ocupa cuando hay torneos, que normalmente son en la fiesta, normalmente los huaraches y los pantalones, es el atuendo común empleado para “echarse una cascara” en la cancha, que, como todo pueblo, se encuentra cerca del palacio municipal y la iglesia.

 

Desde muy temprano la música de las jilguerillas, grupos norteños y grupos de antaño se escuchan en la bocina del pueblo, se emplea para enviar saludos y felicitaciones cuando alguien cumple años, esto hace que se entere todo el pueblo y que el festejado, sienta el cariño de quien tuvo el detalle de recordar que ese día es especial para él o ella. Se emplea para dedicar canciones -que fungen como una forma de cortejo y coqueteo- y también para anunciar que Emelia Mendoza tiene llamada telefónica en diez minutos.

No hay un sacerdote de planta, pero el fiscal –que es el encargado de la iglesia- abre ciertos días muy temprano para hacer la limpieza del templo y dejar que la gente ingrese para hacer una petición a aquel que le confiaron la iglesia en la tierra y el cual tiene las llaves del cielo.

 

Los rebozos rodean las cabezas trenzadas de las mujeres, los sombreros el de los adultos mayores, las gorras y gorros el de los más jóvenes y niños; en este pueblo se conserva aún el ambiente, imagen y vibra de un pueblo humilde, pero fuerte. Las casas de adobe con la cocina apartada es algo que se ve en este lugar. No hay perros callejeros y si se ven, todos saben a quién pertenece. Es un pueblo limpio y ordenado.

 

La escuela secundaria y el bachillerato (IEBO) están en la parte más alta del pueblo, la primaria y el jardín de niños están en la parte baja, atrás de la iglesia, esto para mayor facilidad de los padres que van a dejar a sus hijos. Existe un albergue que brindan el apoyo a los niños de las familias más necesitadas.

Aquí la vida inicia muy temprano, desde las cuatro de la mañana para irse al campo, ya en la tarde como a las seis de la tarde, las tiendas, el mercado y la caseta telefónica son los puntos de reunión para encuentros románticos, para la plática con los amigos y para organizar.

 

Los lunes se organizan todos los comerciantes y bajan Miahuatlán porque es día de plaza, una de las más importantes, porque bajan de diversas comunidades y donde se sigue conservando el trueque. Los domingos son de aseo general del pueblo, este día toda la comunidad y el cabildo hacen limpieza del pueblo.

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