Dios nunca muere

Entre panteones, gladiolas y cempasúchil. Cuando me muera no me dejes lejos, quiero que me velen en mi casa, quiero que mi familia esté reunida y que no llore, quiero que corran los mezcales y el tequila, quiero que haya música de banda y que toquen “La Martiniana” antes de mi partida.

Que recen los nueve días, que me lleven a la iglesia y que el cura me bendiga, no me dejes sin gladiolas, coronas y veladoras. No me dejes morir solo, porque dicen que la tierra es fría y sí me espera una eternidad tan gélida quiero que el recuerdo de tu calor me haga compañía.

Quiero que me entierres en mi pueblo, que des pan y chocolate, que des tamales, que recen los rosarios como era antes, no vaya a ser que se les olvide pedir algo y mi alma no alcance a contemplar el rostro de mi Dios.

Acuérdate de poner agua bendita para que los que lleguen a verme también me bendigan, no olvides traer una imagen de la Virgen de Juquila, para que se acuerde de mí y haga más fácil mi partida, no olvides prenderme las velas, pon la cruz de cal y acuérdate de traer tierra del panteón donde me vas a enterrar, ya sabes, para irse haciendo a la idea.

Cuando sea la hora quiero que todos me acompañen, que mis amigos carguen el ataúd y que las flores adornen el camino. Quiero que canten, que la banda toque, quiero que me entierres en un panteón tranquilo, búscame un lugar donde no me toque mucho sol.

Cuida que no pisen mi tumba y después de dejarme no me traigas flores, no quiero que mi tumba huela a flores ¿para qué? ya muerto ni las voy a oler, ni las voy a tocar, ni las voy a disfrutar.

Acuérdate de mí cada primero de noviembre, acuérdate de ponerme mi comida en el altar, ponme un mezcal, una taza con chocolate y un buen pan. Ponme lo que tanto me gustó en vida y no te pongas a llorar, que a donde yo voy no hay más pena, a donde yo voy ya no duele nada, a donde yo voy dicen que ya no hay tristeza.

No sufras, no reniegues, no culpes a Dios. No te opongas, la muerte es inevitable y es lo único que tenemos seguro en la vida.

Me voy y me voy suspirando, pero antes déjame pedirte un último favor, que la banda toque “Dios nunca muere” cuando me lleven al panteón.

 

Texto: Elizabeth Pérez Castro

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