Por: Mtro. Juan Antonio Gómez Cardenas
Se ha constatado de forma reiterativa que, una vez que el turista ha decidido estar en nuestro destino, es capaz de profundizar y descubrir muchos productos alternos que no hemos tomado a bien de forma oportuna promover y sobre todo agendar actividades que no estaban en un primer momento consideradas con la fuerza que merecen, su experiencia nos aporta una visión a veces muy diferente  de la que tiene  el propio sector turístico local.
El turista es cada vez más crítico y exigente con los temas de visibilidad real del destino y quizás mucho menos con otros que para los residentes son más problemáticos. Ejemplo de ello, pueden ser los servicios de limpieza y la efectividad de los módulos de información turística que se establecen en el territorio, y que suelen ser dos temas que aparecen con fuerza en la valoración del turista, mientras que en el tema de la seguridad lo abordan principalmente con mucha aprensión los residentes.
 Por ello los estudios del consumidor turístico son sin duda alguna los más relevantes dentro del proceso de la formulación, integración e implantación de los planes de turismo de cualquier destino, hay aspectos que reaccionan de forma reiterada frente a otros lugares y culturas, pero sobre todo al comportamiento que ejerce el visitante.
Existen innumerables investigaciones al respecto, y de forma específica frente a diversos mercados emisores y receptores por parte de instituciones publicas, sociales, mixtas y universidades que han enfocado sus esfuerzos sobre estos temas en los últimos años.
Como fuentes bibliográficas de inspiración para analizar este fenómeno del turismo desde un aspecto sociológico más allá del marketing, hay una gran variedad de títulos desde la “Teoría de la Clase Ociosa” de Thorstein Vleben publicada en 1924 hasta “El Turista, la nueva teoría de la clase ociosa” de Dean MacCannell publicado en 1976; todos ellos con diversos  enfoques y visiones que en su momento histórico se fundamentaron.
El turista es una persona real de carne y hueso, el mejor modelo disponible para estudiar al hombre moderno, se le reprocha por salirse de sus casas para sentirse satisfechos con las experiencias superficiales de otras gentes y otros lugares, no todos los turistas son iguales, sus pretensiones en los destinos son diferentes, desde su origen los estudiamos y analizamos  con aspectos descriptivos, económicos en su estilo de vida y socio demográficos que en principio nos generan importantes referentes a nuestros procesos de investigación.
La heterogeneidad de los mercados nos abren múltiples puertas para buscar nuevas oportunidades de negocio en el turismo, esto nos dificulta la estandarización y la productividad de la oferta en un destino. Que al final de día nos permite consolidar la construcción de productos únicos y diferenciados para demandas específicas.
Cuando he tenido la oportunidad de ser anfitrión de nuestros visitantes, me sorprende de sobremanera la petición de algunos que me piden ir más allá de todos los espacios icónicos de nuestro destino ampliamente reconocidos, publicitados y promocionados, el interés por esos lugares llamados underground.
¿Queremos comer en el lugar más concurrido por los locales?, practicar el baile en el salón de más reputación, el juego o el esparcimiento en el lugar más concurrido de la ciudad.
Reflexionemos: la experiencia del turista busca ser “auténtica”, es decir, el turista busca entrar en contacto con cosas que antes no ha experimentado. Ahí́ reside el valor que puede adquirir la experiencia turística. Lo típico o único de una comunidad, región, barrio o vecindario es lo que importa ser vivenciado.
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