cuenta la leyenda
cuenta la leyenda

En Oaxaca todo se explica con leyendas, desde las venturas hasta los infortunios, desde los amores hasta las tragedias, la magia y los milagros están presentes en nuestra historia y nuestra historia es un conjunto de leyendas.

Aquí el destino es producto de las estrellas, de los dioses, de las vírgenes y de los demonios, aquí se levantan iglesias y se dejan carreteras a medio construir por la misma razón, por obra de seres que no son humanos y que sin embargo hacen tratos y se comunican por medio de señales con hombres y mujeres que sin querer terminaron frente a circunstancias y caminos afortunados o infortunados según sea el caso y la razón.

Las leyendas hablan de mujeres que vencen al diablo y de hombres que caen presos de seres diabólicos que tienen forma de mujer y los llevan a barrancos y camposantos; hablan de remedios mágicos y de tragedias que no son más que consecuencia de la imprudencia y la ambición.

En todos los rincones del estado existen personas que narran historias de seres que se hacen presentes para ofrecer favores o milagros, para dar dinero o dar salud, para construir acueductos o destruir poblados.

Aún existen pueblos donde está prohibido salir de noche porque a esas horas pasan viejos que no son más que seres oscuros que matan de miedo, hay lugares donde aún se escucha a la mujer que vaga llorando por los hijos que mató, en Oaxaca se cuenta que aparecen imágenes entre cargas de mulas y por eso se levantan templos en honor a vírgenes y santos, siempre con el favor de Dios.

Oaxaca está lleno de catrines, de mujeres bellas, de viejitas que tocan tu ventana y te piden que guardes su bolsa para pasar por ella otro día en que lleve menos carga, aquí todavía habitan los duendes, los brujos, las cuevas donde se hacen aquelarres nocturnos, las brujas que se llevan a los recién nacidos, los nahuales, las mujeres que mandan por la noche a sus gatos a hacer daño, las mujeres que te miran a los ojos y te dicen que te duele, que tienes y quién te hizo el daño.

Aquí te leen el maíz y el humo del cigarro, aquí te dicen que con una cruz de cal, algo de mostaza y cruces de ocote se puede evitar el mal aire que deja en la noche “el fulano”, aquí todavía creemos en los diablos, en los aparecidos, en las almas que vagan por las iglesias y el camposanto.

Pero no tememos, nos enseñan a no temer, el remedio es el de siempre, soplarte para curar el espanto. Esos si, nunca te comprometas, jamás hagas trato, reza, reza mucho porque en esta tierra de seres mágicos lo único que nos queda es pedir ayuda al cielo para que nada ni nadie nos haga daño.

Texto: Elizabeth Pérez Castro

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