Por: Monserrat Trujillo Q.

Qué lejos estoy del suelo donde he nacido, inmensa nostalgia invade mi pensamiento, al verme tan solo y triste cual hoja al viento, quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento.

Aquí yace la nostalgia de un padre, una madre, un hijo, o de una persona amada que un día salió de casa en busca de una tierra prometida, aquí yace la nostalgia de dejar mi hogar, mi tierra, mi vida.

Recuerdo a mi querido Oaxaca con sus sones y jarabes mixtecos o sus grandes fiestas entre calendas y comparsas, que decir de las hermosas callejonadas que al compás de la guitarra acompañaban mi serenata para aquella mujer amada.

Mi verde Antequera, acunada entre valles, eres como un río que fluye cargado de riquezas naturales, con aromas a café para el frio de tus montes y para los que tienen un dolor más grande, en Oaxaca se dice que para todo mal un buen mezcal y para todo bien también.

Recuerdo mis caminatas a la luz de la luna nueva, y las historias que mi abuela me contaba, de aquellos amantes que un día se miraron con disimulo interés, y a partir de ahí hicieron aquel juramento eterno bajo la copa del árbol que con sus hojas en verano, vestía de hermosos colores el atrio de aquel templo dedicado a San Martín Jalatlaco.

Como olvidar también sus nieves con sabor a leche quemada o mejor aún un poquito de esos besos oaxaqueños que en las noches y en la fría soledad de mi cuarto, imagino mis andares por aquellos caminos empedrados. No podría dejar de saborear los gusanos de maguey, los chapulines o las empanadas de Ocotlán.

Cuanta nostalgia me genera ver aquellas fotografías de la cascada petrificada de hierve el agua y las albercas naturales del cerro de Oaxaca. Mi querida tierra, labrada por las manos de los indígenas oaxaqueños, con sus enormes zonas arqueológicas y conventos del siglo XVI, templos barrocos, edificios de la época colonial y los grandes recorridos por las galerías locales.

Eres amor de juventud, que se contenta con la pura ilusión y que se va haciendo cada vez más grande ante su ausencia, eres la tierra del sol, tierra de valientes y ahora que yo vivo lejos de ti suspiro por verte, porque primero perdí mi rumbo y hoy me vuelvo a encaminar.

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