Con ciencia turística…  A propósito del 485 aniversario.

Mtro. Juan Antonio Gómez Cárdenas[1]

 

“La vieja Antequera se adormece bajo las caricias del calor incipiente. Se anuncia la primavera en la voluptuosidad de esta mañana, ensoñadora. La primera impresión de Oaxaca es la de que el mundo ha disminuido de estatura o que ha aumentado el índice de pesantez. Los edificios no alcanzan altura desmesurada; los portales que rodean la plaza son bajos y profundos; sus pilares macizos y alguno, en su esquina, presentan dos gruesos resaltos: en una esquina acorazada. Solo las casas del barrio céntrico tienen dos pisos: Las demás son bajas, de grandes muros y risueños interiores. Dominando este conjunto de edificios, atalaya y fortaleza, el templo de Santo Domingo se alza arrogante.”[2].

Manuel Toussaint (1890-1995) La obra de este instaurador de los edificios del México Colonial se denota en una ferviente pasión por el rescate de la imagen del México provincial, de aquel México ya lejano, en el cual, la ciudad, sus gentes y sus costumbres constituían el marco esplendoroso de la cotidianeidad, de un México y un Oaxaca que en lo particular se está borrando irremediablemente, el Oaxaca que plasmó en su obra  este autor, durante su visita del 9 al 19 de marzo de 1926, se ha transformado en un Oaxaca que ha sufrido los efectos y estragos de la transculturización, la globalización y de un virtual entorno digital; de manifiesto en los valores perdidos de sus formas de vida, en sus edificios y en sus habitantes; de los cuales siempre nos narró con probado amor por la ciudad Don Rubén Vasconcelos Beltrán[3].

Actualmente se ha discutido mucho, pero poco se ha hecho en realidad ante las actuales actitudes que han tomado muchos grupos que reclaman justicia ante las autoridades en la plaza de la constitución, al que conocemos comúnmente como Zócalo, con pintas sobre las canteras de los edificios, con mantas que exigen solución inmediata a sus demandas,  con suciedad y basura en sus pisos, con mendicidad que lastima y aún más cuando se reconoce que está perfectamente organizada y con sus sonidos estridentes, que impactan negativamente, decepcionando a nuestros visitantes que seducidos por el Oaxaca de Toussaint, por el Oaxaca colonial del cual se realizan enormes esfuerzos de promoción, deciden visitarnos y conocernos; esfuerzos que intentan captar los mercados más competitivos y emergentes del turismo nacional e internacional.

Los reclamos expuestos son entendidos y en algunos casos de su legitimidad tenemos la necesidad de solidarizarnos hacia ellos, pero en la industria turística es la única actividad rentable que le permite obtener a Oaxaca los beneficios concretos por su efecto de reacción en cadena, con la generación de empleos directos e indirectos y con las contribuciones que ayudan siempre a mejorar los servicios públicos. El turismo representa un amplio panorama de oportunidades que lamentablemente se ha estado desaprovechando por una falta de conciencia y cultura turística de todos sus habitantes, a decir no solo de los actores sociales del turismo involucrados (hoteleros, restauranteros, agentes de viajes, y guías de turismo) sino de toda la comunidad local, desde los funcionarios de primer nivel pasando por ese tejido social del cual tanto se escribe y habla pero qué poco se actúa, hasta los niños que son quienes inician su proceso formativo y al final de cuentas, son quienes menos prejuicios tienen sobre el tema. Oaxaca es una ciudad que sobrevive de las participaciones federales y estatales, pero sobre todo de la noble actividad turística.

Es incomprensible como casi siempre  el arquitecto y el policía, el abogado, el médico, el ingeniero, el administrador, el contador, los maestros, los comerciantes, las familias, los estudiantes y todos los demás actores, habitantes que intervienen en nuestra comunidad consideren que el turismo no representa para ellos ningún beneficio directo a sus actividades cotidianas,  cuando al contrario es, el que sin duda alguna, les permite mantener en equilibrio su economía.

Cuando nos detenemos y observamos un zócalo y una alameda nauseabunda, infestada de comercios incontrolables, durante las festividades anuales o en los acontecimientos políticos, debemos considerar hasta que niveles nos estamos haciendo daño mutuamente, pues las corrientes turísticas podrían disminuir  a niveles muy lamentables.

Se ha dicho que Oaxaca tiene vocación turística entendiendo con ello que nuestro estado posee atractivos de los más diversos órdenes que pueden hacer placentero el paseo de quienes visitan cualquiera de los espacios de nuestro variado mosaico social, cultural, gastronómico, natural y más.

A este respecto en breve se conocerán los ambiciosos planes de desarrollo que para esta industria han tenido contemplados los organismos oficiales del sector en sus dos niveles de operación (estatal y municipal); con las contribuciones de un sector privado cada vez más “politizado” desde sus federaciones, cámaras y asociaciones; de las iniciativas de las agrupaciones sociales y colegios de profesionistas no lucrativas interesadas en el fomento de esta interesante actividad, única y sustentable para nuestro estado, que sobrevive de los recursos federales y estatales que recibe y por los que hay que competir cada vez más, cada año con reglas de operación cada vez más rudas.

Todo esto conlleva también a las consideraciones del beneficio económico que representa este auge, y como nos gusta hacer cuentas alegres, se tienen también las estimaciones de la derrama económica que esto puede traer al estado y los cientos y miles de personas que podrán vivir y tener ingresos directos e indirectos del turismo.

Cuando se pinta el panorama venturoso de un auge turístico y se dan cifras y se ponderan ganancias, como que se acosa el espíritu del lucro, se ponen incitantes de avaricia en muchas de las personas que tienen su relación con esta actividad y se acaba por afilar la codicia, por hacer de cada uno de los que prestan sus servicios al visitante un nuevo oportunista y explotador que acaba como el cuento, por comerse a la gallina de los huevos de oro.

Es importante seguramente pensar en el impulso que merecen las acciones turísticas fomentadas por los gobiernos en turno, pero importa también pensar en otros valores que no son los de la simple ganancia económica, valores que dan relieve de significación a nuestro estado y amplían sus fronteras tanto cuando crecen y se expande el rumbo y origen de quienes nos visitan.

Invitar y tener la presencia de visitantes en nuestra casa, nos da la oportunidad de hacer gala de nuestra cortesía, de probar nuestro sentido hospitalario, y de dar una imagen amable, testimonio de nuestra calidad humana como oaxaqueños.

El aumento de visitantes hace crecer al doble, el buen decir que merecen nuestros atractivos, nos permitirá mostrar la belleza  de nuestra incomparable ciudad y estado, también pondremos por disposición misma su clima, su vegetación, su paisaje, los servicios disponibles, sentirnos orgullosos de saber que estos turistas se sorprenderán y se maravillarán de los perfiles arquitectónicos heredados por los dominicos, franciscanos, jesuitas etc. Y de los importantes centros prehispánicos que en algún tiempo habitaron zapotecas y mixtecos.

Reflexionemos, nuestra ciudad ha sido escenario de innumerables acontecimientos históricos, en las diversas etapa de su evolución, desde el México prehispánico y su conquista, el colonial, la independencia, la reforma, la revolución y hasta nuestros días de cambio, en los que han participado grandes personajes, grandes hombres, oaxaqueños que con voluntad y amor a su patria han sabido sembrar el espíritu  por ser mejores día a día, y como hace mención Don Manuel Toussaint “ Nos sentimos más jóvenes, capaces de empresas gloriosas, de obras brillantes, y hasta con algo de romanticismo, de actos heroicos”.

[1] Presidente de la Asociación Mexicana de Profesionistas y Técnicos en Turismo A.C. Capítulo Oaxaca gomcard@yahoo.com

[2] Toussaint, M. (1985) Oaxaca y Tasco, Fondo de Cultura Económica.

[3] Cronista de la ciudad de Oaxaca de Juárez del 17 de diciembre de 2001 hasta su fallecimiento el 29 de junio de 2016.

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