¿Cómo aman los oaxaqueños?

¿Cómo aman los oaxaqueños?, me preguntó, yo que nunca había pensado en dar respuesta a esa pregunta divagué un rato y terminé por preguntar, ¿cómo me amas?

Él, acostumbrado al silencio y a negar cualquier impulso de su ser, me miró fijamente y después fingió no haberme escuchado. La única respuesta que busqué en sus labios jamás llegó. La única certeza que tengo es que me quiso, pero como es hombre de pocas palabras jamás alcancé a descifrar si entre sus ojos habitaba el amor.

No sé mucho acerca de amar, pero sé de necesitar, de ansias vuelta necesidad, de ganas, de dolor, de ganas de no querer, de ganas de no esperar.

Sé de esperanza, sé de serenatas que no conocen fin, sé de besos que se pierden entre la cantera, sé de tríos que recorren balcones, sé de una cruz que bajo su sombra albergó sus besos.

¿Cómo son los hombres de Oaxaca? ¿Cómo ama un hombre en Oaxaca? ¿Con qué fuego te marcan? ¿Con qué vientos te llaman? ¿Con qué derecho te desarman? ¿Con qué promesas te desangran?

En Oaxaca los hombres te miran a los ojos, te buscan con la mirada, te admiran, te proclaman diosa, te alaban, te adoran, te buscan, te persiguen, te hallan.

En Oaxaca los hombres te miran recio y caminan tomándote de la mano por las calles del centro, en Oaxaca él me sonreía y me decía que el amor no era eterno.

En Oaxaca, te cantan “El feo” y sabes que es su forma de decir “te quiero”, aquí el amor se grita, se bebe en una cantina, sabe a mezcal y se tiene la creencia de que solo así se aniquila.

Los oaxaqueños son hombres fuertes, decididos, aman en silencio y sufren quedito. Se callan, se lo guardan, se aferran a su orgullo cuando se enamoran de una ingrata. Aman con la fuerza de sus brazos, con la tesura de sus hombros, con su orgullo y su caminar profano. Aman en el campo, en las calles, en las iglesias, en las esquinas, entre los susurros de un viento que acaricia despacio.

Aman con canciones, inspirándose en nuestros besos, en nuestros ojos. Los oaxaqueños recrean, resucitan, creen en el amor, lo materializan y por eso componen melodías que hablan de la mujer oaxaqueña, de la mujer orgullosa, de la mujer de mirada profunda, de la Malagueña, de la Sandunga, de la Llorona.

Aman con flores, con una banda que entona sus amores, sufren sus dolores y los padecen hasta que dicen basta, te dejan ir, te dejan seguir, te poseen, te dejan marcada y nunca te amarran.

Los oaxaqueños cantan “Amor añejo” y sabes que el amor si puede ser eterno, los hombres de Oaxaca componen, bailan, gozan, a veces temen, a veces destrozan, a veces engañan y a veces lloran.

Aman con fe, porque saben que si Dios nunca muere siempre hay lugar para el amor en la eternidad, aman con locura esperando que entre nuestros labios nos llevemos su sabor, aman con celos y piden al cielo que sintamos su dolor.

En Oaxaca los hombres mueren esperando, esperan hasta el final, reconocen sus errores cuando llega la soledad, piden perdón, se redimen y nos hablan de ausencias que triunfan porque el amor nunca se extinguió.

Aquí nos cantan cuando están a punto de expirar, mientras nos piden que dejemos de llorar para que no tengan que penar.

 

Texto: Elizabeth Pérez Castro

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