Por: Lic. Paulina Cruz Vera, miembro activo de la Asociación Mexicana de Profesionistas y Técnicos en Turismo A.C.

 

En los últimos años, los destinos oaxaqueños han estado invirtiendo y tomando acciones para diversificar sus mercados, capacitándose y buscando satisfacer las necesidades de aquellos segmentos que de una u otra forma se encuentran en boga en el mercado turístico nacional e internacional. Esto, naturalmente, con la finalidad de volverse competentes, obtener más visitantes e incrementar sus ingresos. A pesar de lo anterior, existe un mercado al que mucho subestimamos  y al cual se le presta poca atención debido quizás a la falta de información acerca de su impacto y los prejuicios. Me refiero a la comunidad de backpackers.

Los mochileros, o conocidos internacionalmente como backpackers, son personas en su gran mayoría jóvenes de entre 15 y 30 años que literalmente viajan con mochila a cuestas y, al igual que cualquier segmento del mercado, se caracterizan por determinados hábitos de consumo que demuestran no sólo el valor económico que representan para los destinos, sino la revolución que genera en la industria turística y el impacto social y ambiental en las comunidades receptoras.

Entre los destinos mexicanos preferidos por esta comunidad de viajeros se encuentran la Ciudad de México, San Cristóbal de las Casas, Mérida, Cancún y por supuesto, destinos oaxaqueños como la bella Ciudad de Oaxaca de Juárez, Mazunte, Puerto Escondido, San José del Pacífico, entre otros.

A continuación, te presento algunos datos importantes y razones que nos brinda la Confederación Mundial de Estudiantes Juveniles y Viajes Educativos (WYSETC, por sus siglas en inglés) y la Organización Mundial del Turismo (OMT) por las que la iniciativa privada, ONG’S y autoridades locales deberían invertir en la calidad de los servicios, infraestructura y experiencias para este mercado.

Mercado con crecimiento acelerado

               De acuerdo con los resultados de la investigación del WYSETC y la OMT[1], los viajes juveniles son uno de los mercados más dinámicos que han presentado un crecimiento considerable en los últimos años. Tan sólo en el año 2010, estos viajes representaron el 20% del total realizado a nivel mundial, generando alrededor de 165 billones de dólares de ingresos mundiales para el turismo. Incluso, dentro de las previsiones de las mencionadas organizaciones, se estima que para el 2020 habrá alrededor de 300 millones de viajeros jóvenes viajando por el mundo al año.

Una de las causas de este crecimiento acelerado se debe a la amplitud del rango considerado como viajeros jóvenes, del cual anteriormente se consideraban a las personas de 18 a 24 años y que en la actualidad se ha ampliado a un rango que comprende de los 15 a los 30 años; esto debido a los cambios en el estilo de vida y la visión de la misma de adolescentes y jóvenes adultos que corresponden a la generación Millenial y Z, principalmente.

Estancias prolongadas y mayor derrama económica

               Contrario a lo que podría pensarse, los backpackers resultan ser turistas que invierten mucho más en sus viajes que otros. En promedio, los viajeros jóvenes gastan de $1,000 a $6,000 dólares por viaje, comparado con el promedio de $1,450 dólares por viaje del turista tradicional. Esto se debe, principalmente, a que las personas jóvenes toman con más frecuencia viajes largos que la mayoría de otros turistas, con lo cual terminan gastando más.

Sin embargo, este dato puede no ser medido con exactitud en los destinos turísticos debido a que en muchas ocasiones el indicador de gasto en hospedaje y transportación suele tomarse casi como un sinónimo de derrama económica del turismo; el caso particular de los backpackers demuestra que éstos prefieren invertir más en experiencias de viajes que en servicios de hospedaje lujosos, ya que suelen gastar más su tiempo conociendo el destino, no obstante no significa que no esperen y demanden calidad.

Por sí mismas, las personas jóvenes suelen ser pobres monetariamente, pero ricos en tiempo, lo que les permite poder prolongar más su estancia en los destinos que otros turistas. De acuerdo con la reseña de WYSETC[2], el promedio de estancia de los viajeros jóvenes se encuentra por encima de los 50 días.

El consumo local y los ingresos a las comunidades

La comunidad backpacker (nacional e internacional) es un mercado potencial que puede aprovecharse para que tendencias como el consumo local y la revaloración de nuestras raíces tomen fuerza en los destinos oaxaqueños, pues se estima que alrededor del 60% del presupuesto de los viajeros jóvenes es gastado en el destino y en algunos casos la proporción podría ser mucho mayor. Además, como parte de sus hábitos de consumo, los turistas jóvenes a menudo evitan cadenas internacionales para poder gastar directamente con proveedores locales y/o vendedores independientes (puede incluirse –con todo y sus dilemas- los servicios brindados en Airbnb, Couchsurfing, Uber, entre otros), lo que favorece sobre todo a destinos de economías pequeñas o en desarrollo, ya que la magnitud de fugas en los ingresos del turismo se ve reducida.

El valor de los destinos y la fidelización

Si bien, aunque los viajeros jóvenes no suelen tener el factor dinero a su favor, sin duda si un destino los maravilla, ellos volverán y lo recomendarán.

Viajar forma parte importante en la vida de los viajeros jóvenes, pues simboliza la oportunidad de aprender de otras culturas, conocer más personas, desarrollarse profesional y personalmente, e incluso construir su identidad –somos los lugares donde hemos estado-. Por estas razones cuando un destino promete estas experiencias, los backpackers dan e incrementan el valor de éstos; me atrevo a asegurar, desde mi experiencia, que el viajero joven regresa más veces a un destino que el resto de los turistas tradicionales.

El impacto que tienen los backpackers en sus círculos sociales para motivar a otras personas a visitar determinados destinos es increíblemente grande; parte importante de esa labor son las herramientas tan útiles que representan las redes sociales desde donde se inspira a través de fotografías, videos, historias y demás, a llegar y vivir dichos destinos.

De igual forma, es importante resaltar que este segmento cada vez está demandando experiencias personalizadas e íntimas con la comunidad y a su vez se aleja de aquellos paquetes prefabricados por las agencias de viajes, pues al final muchos desean vivir una aventura espontánea sin atarse a un itinerario riguroso.

En este campo, la investigación del WYSETC ha demostrado que conocer e interactuar con la gente local es la mayor motivación de este segmento del mercado, lo cual representa una gran oportunidad para los destinos oaxaqueños al tener los recursos suficientes para brindar contacto directo con las comunidades, por ejemplo desarrollando productos enfocados al ecoturismo o etnoturismo.

Descubriendo nuevos destinos

Cada vez es más frecuente que los jóvenes se sientan motivados por sus círculos sociales a viajar más y por periodos más largos, pero también a tomar el reto de visitar destinos poco o nada tradicionales. Por ello, las comunidades que no se encuentran en el radar turístico pueden llegar a descubrir y desarrollar su potencial y vocación turística, pues estos viajeros están allanando el camino del turismo hacia lugares poco conocidos y, sin embargo, increíbles.

En este sentido, la importancia de los backpackers radica en ayudar a mantener el contacto vital con el mundo externo y simbolizar una fuente de ingreso para las comunidades oaxaqueñas en las que incluso las autoridades aún no visualizan al turismo como un área de desarrollo económico.

El mercado intrépido y resiliente

Unas de las características que diferencia al mercado backpacker del resto es su espíritu aventurero e intrépido. De acuerdo con la OMT y el WYSETC[3], las personas jóvenes viajan a los destinos aun cuando éstos podrían ser inestables sociopolíticamente y peligrosos, haber pasado por un desastre natural, enfermedades o por algún acontecimiento terrorista, ya que ello no llega a disuadirlos de desertar en su viaje y lo más probable es que prefieran cambiar la fecha del  mismo a abandonarlo por completo.

Además, curiosamente son un mercado resiliente ante las crisis económicas en sus países de residencia, pues se ha demostrado que existe una tendencia a viajar como forma de esperar a que dicha crisis termine o bien, viajar para adquirir mayor experiencia profesional (por ejemplo en los voluntariados).

Por lo anterior, el mercado joven tiende a ser menos volátil que el mercado turístico en general, y es por ello que los niveles de ocupación de establecimientos dirigidos a este segmento se mantienen fuertes a pesar de las adversidades.

Innovación en los destinos

Como bien se puede esperar, los viajeros jóvenes son un mercado demandante de innovación y cambio, piden presencia virtual del ámbito privado y público y, además, contenido actualizado y de calidad que les permita interactuar antes, durante y después con la comunidad receptora.

Este segmento del mercado hace un alto uso de las bondades del internet, desde la planificación de su viaje, arrendamiento de servicios, investigación de los destinos con información de primera mano (blogs especializados, grupos en redes sociales, etc.) hasta la evaluación de sus experiencias en diversas plataformas con la finalidad de facilitar a otras personas datos importantes que puedan mejorar su experiencia de viaje; es por ello que su papel como consumidores no puede considerarse como pasivo, y las oportunidades de la presencia virtual pueden llegar a tener doble filo para aquellos destinos o  empresas que no inviertan en la calidad de sus servicios.

Para concluir…

El mercado backpacker incrementa el impacto económico del turismo, expande el turismo a nuevas áreas y comunidades, combate los efectos de la estacionalización, provee un mercado turístico estable y resiliente y estimula la innovación.

Es claro que este segmento -conformado en su mayoría por jóvenes- no es la solución a todas las adversidades por las que se enfrentan los destinos turísticos oaxaqueños, empero, resulta un campo de oportunidades para poder seguir desarrollando la actividad turística en Oaxaca, para la cual podrían diseñarse más y mejores estrategias con información específica una vez la investigación in situ tenga lugar.

Te invito a reflexionar si la inversión de esfuerzos, dinero y promoción por parte de las autoridades competentes y la iniciativa privada debería estar enfocada únicamente a aquellos segmentos aparentemente más rentables en términos económicos o bien, habría que desafiar dicho paradigma para visualizar los impactos positivos culturales y ambientales que brindan otros segmentos.

 

[1] Fuente: OMT & WYSE Travel Confederation. (2011). The Power of Youth Travel. AM Reports: Volume two.

[2] WYSE Travel Confederation. (2011). Industry Review no. 1: Youth and student travel market.

[3] WYSE Travel Confederation. (2011). Industry Review no. 1: Youth and student travel market.

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