Todo inicia con un árbol de copal, con un sueño que es revelación y un machete que descubre formas que son patas, colas, ojos, dientes, animales que al paso del instrumento parecen despertar de un aletargamiento. Dice Elías José Ángeles que son Tonas, Nahuales, representaciones de animales protectores que en otros tiempos paseaban por las calles haciéndose presentes.

En San Martín Tilcajete, convergen la alquimia, la magia y la tradición. Aquí, enclavado entre la bruma de un pasado que se hace presente, se encuentra el Taller de Jacobo y María Ángeles, artesanos que mantienen viva una técnica que hace de sus alebrijes obras de arte que no encuentran igual.

Jacobo y su familia aprendieron de su padre y su abuelo a fabricar los tintes naturales con que visten cada una de sus obras; de su herencia zapoteca heredaron el respeto por los veinte animales y las tres fuerzas que gobernaban el mundo místico de sus ancestros; pero de su fuerza de voluntad adquirieron la certeza de que un arte que es cosmovisión debía permanecer.

La talla de madera es un proceso arduo y delicado donde las manos de un artesano dan a luz seres fantásticos que pueden tardar meses e incluso años en crecer. Nos cuenta Elías, hermano de Jacobo, que la primera parte del proceso es descubrir la Tona que vive en la madera y dejar que se vaya mostrando, una vez que los punzones y cuchillos han hecho su trabajo la pieza se deja secar bajo el sol, dando espacio a la madera para que se abra y comiencen a surgir las grietas que después habrá que resanar con cuñas y pasta hecha con madera molida y resistol para después ser lijadas.

La mayor parte de los alebrijes se fabrican con madera de copal por ser un material húmedo y flexible que permite al artesano trabajar con mayor facilidad, sin embargo, las piezas más grandes se trabajan con madera de sabino y muchas veces las partes se hacen por separado. Dependiendo del tamaño pueden tardar meses e incluso más de un año en secarse. Cabe mencionar que dentro del tiempo de secado la madera se cura para evitar que insectos o plagas acaben con la pieza.

Una vez que la pieza ha secado por completo y se ha lijado se da paso al fondeo, que es la primera capa de pintura que se aplica al alebrije, este etapa es sumamente importante ya que, de acuerdo con Elías, la humedad de la pintura puede abrir nuevas grietas, obligando al artesanos a resanar su obra. Cuando el estado de la pieza es satisfactorio, se procede a llevar a cabo la decoración.

Y es en la decoración donde se muestra la alquimia. Los tintes que se utilizan en el Taller de Jacobo y Maria, son hechos con elementos naturales, resina del árbol de copal, óxido de zinc, granada, cáscara de copal, grana cochinilla, cal, añil, jugo de limón y maíz son algunos de los ingredientes que se mezclan para obtener los tintes que se utilizan para pintar los alebrijes; para fijar el color y dar brillo a las piezas, se utiliza una mezcla de resina de copal y miel de abeja.

De acuerdo con Elías, existen tres colores importantes para ellos, los cuales se encuentran presentes en la escritura zapoteca, donde se escribe en tres tiempos y  existen tres poderes representados cada uno por un animal; el negro es la serpiente, lo naranja o café representa al jaguar; y el rojo o morado es el águila.

La decoración de los alebrijes se lleva a cabo con grecas y símbolos que hacen alusión a la tradición zapoteca, todo se hace a mano, con pulso firme y exquisito; a veces combinando el arte del pincel con aplicaciones de hoja de oro, piedras, hoja de plata, relieve, dependiendo de la inspiración del artesano o del gusto del cliente.

En el Taller de Jacobo y María, trabajan 78 personas, muchas de ellas son jóvenes de la comunidad o comunidades vecinas que llegan a aprender el oficio que ha hecho de San Martín Tilcajete uno de los municipios más famosos de la entidad. Los alumnos no pagan por aprender, sino que reciben un apoyo mientras adquieren los conocimientos que les permitirán convertirse en Maestros Artesanos.

Esta institución fue idea del papá de Jacobo, quien quería fundar una escuela para enseñar el noble oficio de la talla de madera y así transmitir sus conocimientos a más personas. Pero fueron sus hijos quienes en 1994 fundaron el taller y dieron inicio al proyecto.

Hoy, más de veinte años después, el Taller de Jacobo y María se ha convertido en un referente a nivel nacional e internacional. Los primeros reconocimientos llegaron del extranjero y tendrían que pasar muchos años para que los alebrijes de técnica antigua fueran reconocidos en México.

Actualmente el Taller cuenta con un vivero y promueve un programa de reforestación, en 2014 ganaron un concurso para la representación de Oaxaca en el Vaticano y actualmente trabajan en un encargo para un importante museo en San Diego. El arte de estos oaxaqueños se expone en galerías de todo el mundo y continuamente son invitados a hablar sobre su técnica y su experiencia como maestros artesanos en foros nacionales e internacionales.

Sí, de Oaxaca para el mundo.

 

Por: Elizabeth Castro

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